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Economía sumergida en tiempos de crisis

24 enero 2010

El ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, ha abierto la caja de Pandora de la economía sumergida al declarar que estima que hay entre un 16 y un 20% en esta España nuestra de crisis y paro. Aunque la ministra de Economía, Elena Salgado, se ha apresurado a desmentir a su colega para afirmar que no se pueden ofrecer datos fiables sobre este fenómeno, a nadie se le escapa que algo de cierto hay en las palabras de Corbacho.

De hecho, el INE puso en marcha hace ya meses, por imperativo europeo, sistemas para tratar de controlar qué porcentaje del PIB corresponde a la economía fuera de control, luego no es tan descabellado que ya se esté manejando algún dato, incluso aunque la horquilla sea tan amplia que se barajen cuatro puntos porcentuales de diferencia. La cuestión es que, aun incalculable, parece evidente que la economía sumergida ha aumentado. En esta recesión económica en la que España reconoce ante la rigurosa Unión Europea una tasa de desempleo del 19% y más de cuatro millones y medio de parados, todos conocemos a aquel que está aprovechando la prestación por desempleo mientras se saca un dinerillo extra con un trabajo bajo cuerda o mientras monta un negocio a nombre de su mujer para ver si así salen del bache.

Ahora el debate gira en torno a si se debe luchar con insistencia contra la economía sumergida en una coyuntura como la actual o es mejor hacer la vista gorda para permitir que cada cual capee el temporal como mejor pueda. Eso sí, cunado vuelvan las vacas orondas, se exige con rotundidad el retorno a los cauces legales. Al Estado del bienestar, que ya no tiene de dónde sacar para dar al que lo necesita, se le resuelve una papeleta interesante si los que se quedaron sin empleo legal no lo están pasando tan mal, incluso aunque sea a base de empleos no legales. Y a la sociedad le conviene en este momento tener esa manga ancha del Estado, no con ánimo de defraudar, sino con ánimo de salir adelante como se pueda, arrancar o mantener a flote negocios que hoy no podrían pagar sus tributos, y convertirlos en suficientemente rentables como para que pasen a la economía emergida en unos meses y alimente no sólo el tejido empresarial sino también las insaciables arcas públicas.

María Solano, periodista

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