La Navidad sí que está en crisis
27 diciembre 2009
¿Qué crisis? ¿La que sitúa nuestro crecimiento económico también en negativo en 2010 a pesar de la recuperación de los países del entorno? ¿La que mantiene a un 20% de la población activa desempleada y dificulta hasta el extremo a las nuevas generaciones el acceso al mercado laboral? ¿La que continuará si no se toman medidas drásticas que permitan reformar el modelo productivo español, sin base sólida industrial y con índices de competitividad insostenibles?
La crisis verdadera es la crisis moral, la crisis que ha demostrado que, incluso en crisis, la Navidad es sólo consumo. Con los bolsillos supuestamente vacíos, los españoles se han echado a las calles para llenar con su presencia y sus tarjetas de crédito los abarrotados centros comerciales. Y las compras frenéticas se producen, no con la alegría del que gasta lo que le sobra, sino con suspiros permanentes por lo que no se tiene y se está perdiendo.
Esta situación, beneficiosa, en todo caso, para los comerciantes, que verán aliviada su situación de ahogo gracias a estas productivas semanas navideñas, demuestra que ni la crisis ha permitido recuperar el verdadero sentido de la Navidad, de alegría porque Dios hecho hombre viene a salvarnos, de entrega a los demás, de sacrificio, de generosidad. Todo ello demuestra que, como expresa Benedicto XVI en su ilustrativa encíclica Caritas in veritate, la crisis económica es, en realidad, la crisis de los valores, la crisis de la moral, la crisis que ha alejado al hombre de su dignidad de hombre.
María Solano, periodista


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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