Ecuatorianos en la lotería de Navidad
27 diciembre 2009
Dentro de tres años, la lotería de Navidad cumplirá dos siglos. Durante este tiempo, ha hecho posible miles de sueños y ha servido para cambiar la vida de millones de personas. En la edición de estas Navidades, hay cuatro ecuatorianos que han sido los claros protagonistas.
Sabino Calderón ha ganado 300.000 euros, gracias a que compró uno de los décimos del premio gordo. “Llamé a mi familia a Ecuador y no lo creían”, ha comentado Sabino. “Esto es un regalo. El dinero lo invertiré en algún negocio y también en mi gente de Ecuador”, ha explicado. Sabino llevaba unos meses en paro, y estaba a punto de dejar de cobrar el subsidio de desempleo. Tiene 50 años, cinco hijos, es obrero y lleva ocho años en España. Sabino es un de los miles de inmigrantes iberoamericanos que viven en Bravo Murillo, la calle donde se sitúa la oficina de loterías que ha vendido el gordo.
Otra de las personas tocadas por la suerte de este año es Diana, también nacida en Ecuador. Diana también cuenta con un décimo del gordo. Por su parte, otro ecuatoriano, Agapito Villón, compró uno de los décimos del número que ha obtenido el quinto premio. Agapito tiene 33 años y vive en Lérida con una pensión de invalidez.
Este año, los inmigrantes procedentes de la América española han aparecido en numerosas imágenes de ganadores de lotería. La crisis, que afecta de manera especial a inmigrantes y trabajadores no cualificados, subraya más la importancia del premio. Rafael Lara, un dominicano de 24 años, también ha ganado 300.000 euros gracias a un décimo del gordo. Lleno de alegría asegura: “Una noche te acuestas sin nada y al día siguiente te levantas millonario”. “Todavía no sé qué voy a hacer con tanto dinero”, dice Rafael.
La lotería de Navidad, sin ser la que concede el mejor premio de las loterías del Estado, es de lejos la que más ilusión y expectación causa. En primer lugar, por celebrarse al inicio de la Navidad; en segundo lugar por la cantidad de premios que concede; en tercer lugar, por su tradición. Precisamente uno de sus elementos más característicos es el trabajo que realizan los niños del colegio de San Ildefonso, encargados de recoger los números del premio y leerlos en público. Este año, los niños que han cantado el premio han sido la española Alicia Rodríguez y otra ecuatoriana más: Yahaira Gonzaga.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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