Controversia sevillana sobre una mezquita
27 Diciembre 2009
El aumento de la inmigración, sobre todo la musulmana, permite remarcar los puntos de fricción ideológica en Occidente, y de una manera muy especial en España. Los partidos políticos de izquierda creen que la inmigración es un modo de cambiar el país tradicional, porque supone una suerte de revolución y una oportunidad para postergar las costumbres “burguesas”. Al mismo tiempo, el incremento de musulmanes se entiende como un retroceso de la Iglesia católica, enemiga del “progreso”.
Un ejemplo de este esquema se percibe en Sevilla, donde PSOE e IU se esfuerzan para que se construya una mezquita, a pesar de la negativa de los vecinos. Desde hace cinco años, el Ayuntamiento de Sevilla (gobernando por el PSOE) regala suelo público a la comunidad islámica para que se pueda erigir una mezquita. Sin embargo, cada vez que el ayuntamiento escoge un barrio y selecciona un terreno para la mezquita, se encuentra con la clara oposición de los vecinos. En dos ocasiones, el ayuntamiento ha tenido que dar marcha atrás. Estas semanas, los vecinos del barrio de San Jerónimo pueden provocar que haya un tercer fracaso.
Los vecinos hacen pintadas en los muros del solar escogido para la mezquita. Convocan manifestaciones y logran poner en evidencia que sólo la extrema izquierda (IU) y determinados colectivos de inmigrantes son partidarios de la mezquita. Muchos no olvidan que las pretensiones de determinados sectores del Islam incluyen la vuelta de Al-Ándalus (España) al sometimiento mahometano.
Las noticias de Suiza llegan a toda Europa, y en Italia, Holanda, Bélgica o Dinamarca podrían verse iniciativas similares contra la propagación del Islam. Como señalan algunos expertos, no se trata tanto de un actitud racista o xenófoba, cuanto de un temor a perder la identidad propia a favor de una religión que se considera involucionista y fundamentalista.
Protestas similares a las de Sevilla se ha vivido en Londres, Copenhague, Rotterdam o Colonia. Según el antropólogo Jordi Moreras, “muchos políticos tienen una postura ingenua sobre la presencia de los musulmanes en España. Creen que el islam está de paso y que los inmigrantes se marcharán pronto a casa” (El País, 12 de diciembre).
Por su parte, la suiza Mireille Vallette, autora del libro “Islamofobia o desconfianza legítima” afirma que “las caras visibles del islam no nos dan respuestas satisfactorias a preguntas como qué ocurre con la poligamia, o los matrimonios forzados, o la ablación femenina”.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Los zurbaranes de Sevilla han conseguido dejar el tiempo desabotonado, en suspenso. Los chinos dicen que ven la hora en los ojos de los gatos. Baudelaire escribió que cuando se inclinaba sobre aquella mujer que le inspiraba sus mejores versos, y la miraba fijamente a los ojos, veía con claridad la hora, “constantemente la misma, una hora vasta, solemne, grande como el espacio, sin división de minutos y segundos”, y es que cuando uno está con quien ama, al tiempo no le salen grumos. La mirada del espectador de Zurbarán tiene mucho de un estatismo que no desaloja de la realidad, sino que hace descubrir a Dios en los mundos y submundos cotidianos.
Claro, un museo que te recibe con tres patios abiertos (el del aljibe es de ensueño) y con sus silenciosos claustros, sólo interrumpidos por el gorgoteo del agua, insinúa que te espera un recorrido de honda experiencia religiosa.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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