Las mentiras de la conciliación laboral y familiar
13 diciembre 2009
No conciliamos. Que nadie se engañe ni se deje engañar por el buenismo de la Economía Sostenible en la que no se toca el mercado laboral para no ofender a los biempagados sindicatos. Lo acaba de demostrar un concienzudo informe elaborado por el CSIC. El 75% de las madres ha sentido que tener hijos limitaba, de alguna manera, su vida laboral.
No conciliamos por una sencilla razón: mientras conciliar sea un problema de las madres y no de la sociedad, siempre habrá un proceso de discriminación. Porque ayudar con la mal entendida discriminación positiva y facilitar a las madres reducciones de jornada o excedencias, no hace más que transformarlas en objetos peligrosos para los empresarios.La verdadera solución, la clave del problema es mucho más simple y beneficiosa para todos. No se cansa de pregonarla a los cuatro vientos Ignacio Buqueras. El secreto es la racionalización de los horarios laborales.
En Nueva York, a las cinco de la tarde se produce un fenómeno extraordinario. Y ocurre, realmente, a las cinco en punto, no a las cinco y diez, mucho menos a las ocho. A las cinco de la tarde las puertas de los grandes edificios se transforman en vomitorios de trabajadores de toda categoría y condición porque, a las cinco, ya no queda nadie trabajando. El que calienta silla no es visto con buenos ojos, como en España, sino como aquel incapaz de acabar su trabajo en tiempo y forma.
El día que en España padres, madres, abuelas y abuelos, solteros, casados, todos, estén en la calle a las cinco de la tarde, la mujer no necesitará esas discriminaciones positivas que suponen un estigma para poder ocuparse del mejor de sus negocios: su familia.
María Solano, periodista


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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