Top

La ventana: una fotografía de la vida y la muerte

6 diciembre 2009

De vez en cuando vemos, leemos o participamos en “algo” que saca sentimientos recónditos y alegres que parecíamos tener escondidos, u olvidados en algún rincón. Es un momento único… Es arte… Qué bueno es cuando esto ocurre. Sentimos como una paz… Bueno o eso me pasa mi que soy un poco rarita.

Y cuando eso me ocurre con una película, la felicidad para mi es doble. Me encanta el cine, no sólo porque vivo de él, si no porque me parece uno de los mejores instrumentos comunicativos de hoy en día. También me gusta el teatro, los cuentos y relatos cortos, pero reconozcámoslo, el cine, al ser un arte de masas, tiene como más poder.

Pero no es precisamente de poder (en el sentido moderno de la palabra) de lo que nos habla la película que os quiero comentar hoy. Se trata de “La ventana”. Su director, el argentino Carlos Sorín, no pretende demostrar nada. Tan solo contar. Eso hacen los maestros, cuentan historias sencillas, humanas, historias de miedo o de amor, historias dramáticas o cómicas, pero historias que hablan al hombre del hombre…

Ahora me tendríais que parar aquí y preguntarme: “Bien Eva, pero para ti ¿Qué es una historia?”. Historia es al fin y al cabo Spiderman, o Transformers, historia también es Torrente o Mortadelo y Filemón… Si desde luego, en sentido estricto son historias, pero en esencia son algo parecido a las palomitas que estallan, se convierten en aire y maíz quemado, te las comes y si te pasas, te entra un flato del quince…

Una historia (sea del género que sea), se acerca al fondo de la Verdad. Se pregunta, se apela, se susurra, y entretiene (eso siempre, si no es un bodrio). “La ventana” es una película abierta, muestra una realidad poliédrica, pero apabullante: la vida y la muerte. Y lo hace con sencillez, como todo el cine de Sorín (Historias mínimas, Bombón el perro)

El protagonista es Antonio, un hombre mayor al borde de la muerte que vive en una casa de campo en Argentina. Su mujer murió tiempo atrás, y ante la evidencia de su languidez, decide llamar a su único hijo, Pablo, importante pianista que vive en Europa y, con el que no se habla desde hace demasiados años. Un extraño y hermoso sueño que ha tenido por la mañana, le ronda la cabeza. Es ese sueño el que le hace asomarse a la ventana, y salir a caminar por el campo. Su salida es el principio de todo lo hermoso que le va a venir después.

Pero, mas que de cine, necesito hablaros de la vida y de la muerte después de ver esta película.  Ante la muerte todo el mundo siente al menos inquietud. Desde luego es un misterio. ¿Dolerá morirse? ¿Dará miedo? ¿Habrá oscuridad? ¿Luz? ¿Y un más allá? Mira que si todo al final todo se queda en nada.

Aquí he de decir que yo no necesito hacerme esta última pregunta. Tengo la certeza de que el final será el principio de la Maravilla. Pero si me inquieta el momento del tránsito. Me da miedo tener que enfrentarme a ello sola. Ese es el momento crucial de la vida de uno y tiene que enfrentarse sólo, aún cuando Él esté ahí sosteniéndonos, pero si uno no quiere….

Toda la vida se juega a una carta, de manera que una sola cosa es importante: el amor. Por ese motivo el anciano Antonio quiere ver a su hijo alejado (como tantas veces ocurre en la vida real). El amor es el motor, el amor es el perdón, el amor es la respuesta, el amor es la vida. Ya se que suena cursi (ya sabéis que las mujeres tenemos nuestros ciclos), pero es así.

La vida y la muerte se dan la mano si las une el amor. Qué complicación cuando estropeamos ese amor de entrega y donación. La sencillez de la película es tan transparente como esta verdad. Gracias Carlos Sorín.

Eva Latonda

Compartir:
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Technorati
  • Digg
  • Sphinn
  • del.icio.us
  • Mixx

Commentarios

¿Tiene algun comentario?





Bottom