El falso miedo a la reforma laboral
29 noviembre 2009
El último de una larga lista de preclaros analistas de nuestra maltrecha economía ha sido un influyente medio de comunicación, The Economist, semanario de elites que está en las mesas de los que toman las grandes decisiones del planeta. Es decir, lo que diga The Economist se transforma por la magia de la comunicación de masas en lo que es España para el imaginario colectivo internacional.
En ese caso, España es esa estructura económica anquilosada en la que trabajadores no competitivos lastran a las empresas por culpa de rígidos contratos indefinidos. Lo ha escrito The Economist, pero la idea la habían reiterado otros muchos, incluso el socialista Joaquín Almunia desde su privilegiada atalaya de la Comisión Europea.
Y sin embargo, España se retuerce ante la idea de una reforma laboral seria y rigurosa. Es un miedo cerril, enfermizo, disfrazado gracias a una dialéctica postmarxista y agotada sobre la tiranía del empresario y la precariedad del trabajador.
La realidad es otra. Nadie se atreve a aceptar un mercado laboral flexible porque eso implica que conservar el puesto de trabajo depende, en un 99% de los casos, del esfuerzo personal, de la consecución de resultados, del sacrificio y la entrega sinceros.
Aceptemos que habrá un grave 1% de casos en los que un empresario sátrapa aproveche una legislación flexible para deshacerse de un trabajador sin criterio ecuánime alguno. Pero la realidad es que serán los menos casos. Y la verdad es que a lo que tenemos miedo es a que se nos acabe este mercado laboral semifuncionarial que convierte a España en un país poco competitivo y a los españoles en empleados acomodados, desmotivados y extremadamente ineficaces.
María Solano, periodista


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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