La crisis económica y la verdadera Navidad
15 noviembre 2009
El gasto navideño previsto para este año se ha hundido sin remisión. Se calcula que los hogares emplearán un 19% menos de dinero en los festejos, desde las comilonas hasta los regalos.
Probablemente, las familias serán igual de felices aunque no cenen bogavante. Incluso les servirá para demostrarse a sí mismos que lo importante no era la cena sino la compañía. Tal vez a algún despistado le recuerde el verdadero sentido de la Navidad, que es que Dios se ha encarnado y se ha hecho hombre para salvarnos. Y quizá este año nos sintamos más pastorcitos que nunca, con nuestros humildes y vacíos zurrones.Al mismo tiempo, Cáritas -que es la que está haciendo el verdadero servicio de ayudar a los que lo necesitan, y no los irregulares 420 euros que Zapatero ha concedido a algunos parados- cuenta que ya hay 1.250.000 familias ahogadas por la crisis y que las peticiones de ayuda han aumentado un 80% este año.
Mientras tanto, los índices económicos más importantes se siguen hundiendo. La producción industrial, que tendría que ser motor de nuestra economía, se desploma un 19%. El desempleo sigue alcanzando las tasas más altas de Europa y se sitúa ya en casi un 18% de la población activa. Se han creado un 30% menos de empresas este otoño respecto a hace un año, y, aunque los impagos de efectos de comercio disminuyen, el motivo es que han disminuido, en general, las transacciones. Es decir, no se impaga nada porque, sencillamente, no se contrata.
Esta Navidad habrá muchos que pasaran la noche en un portal tan humilde como el que utilizó Jesús para nacer. Esta Navidad habrá muchas Marías y Josés en busca de cobijo. Llegar a situaciones tan extremas como la de la crisis que se vive puede sacar lo mejor de las personas.
María Solano, periodista


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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