Lo que de verdad mueve al mundo
1 noviembre 2009
Hay estos días una importante campaña publicitaria promovida por una Comunidad Autónoma que ofrece ayudas para que, con esfuerzo, el que tenga una idea, una ilusión, un objetivo, un sueño, lo convierta en una realidad. Dice algo así como “entra Pedro, informático; sale Pedro, empresario”.
El Gobierno autonómico de turno ha decidido gastar dinero en formar a los ciudadanos para conseguir que produzcan mayor valor añadido. Y muchos de aquellos que se beneficien de las ayudas, lo producirán.
Al mismo tiempo, el Gobierno nacional –palabra, ésta, tabú y en vías de extinción incluso en los nombres de las instituciones, todo por contentar a los nacionalistas– decide repartir 420 euros a los parados que se queden sin prestación.
Dos gastos, los dos sociales, uno enseña a pescar, el otro da peces. Uno genera riqueza, el otro bienestar. Son medidas económicamente opuestas; discutibles, en cualquier caso.
Lo sorprendente, lo dramático, lo que ha llevado a Benedicto XVI a tomar su excelente pluma para darnos su última encíclica, es que ni el Pedro informático ni el Pedro parado se mueven por más motivación que mejorar sus propias vidas, quizá las de sus familias, jamás la vida del conjunto de la sociedad.
La crisis tiene una única salida posible, y no pasa ni por dar peces ni por enseñar a pescar, pasa sólo por rehumanizar la economía, por lograr que, de nuevo, los hombres sientan que trabajan como hombres para ser más hombres y eso, claro está, incluye que el amor sea el motor que de verdad mueva al mundo. No lo digo yo, lo dice el Papa.
María Solano, periodista


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


Que es eso de rehumanizar la económia? Cuando se ha dado ese absurdo concepto a lo largo de la historia? En los tiempos pasados, el conseguir un trozo de pan era, con creces, más duro y tortuoso, mas “inhumano”.
El amor, concepto inaplicable a la hora de organizar los recursos a nuestro alcance, no es, ni ha sido, ni será el motor de una sociedad; lo que mueve el tinglado es una competitividad febril y encarnizada.
La diferencia es que esta competitividad antes se traducia en esclavitud, saqueos y demás calamidades y ahora, gracias a una moral (occidental) y al sistema liberal que todavia, aunque cada vez menos, nos ampara podemos protegernos minimamente contra nosotros mismos.