Rajoy se equivoca
25 Octubre 2009
El Gobierno acudió tranquilo a la cita de los Presupuestos tras lograr el apoyo de los nacionalistas del PNV y CC, y no vio contradicción en que se aprobaran con el apoyo de los nacionalistas vacos, que se han manifestado de la mano de Batasuna. Sin embargo, Rajoy se equivocó.
Cada vez la política española se parece más a la partida de parchís que se celebra en el patio de la residencia de los jubilados. Ellos hacen su mundo, festejan sus pequeñas victorias y se marchan a sus habitaciones, apesadumbrados, si ha habido mala tarde y la cosa no ha funcionado.
Es fácil ser oposición cuando nuestro país anda enfangado en una recesión estructural. No hay más que meter el dedo en la herida, como Brad Pitt en Malditos bastardos, y esperar a que el contrario cante su palinodia. El desequilibrio de las cuentas públicas fue objeto de las durísimas críticas de Rajoy, subrayando que nunca el déficit había crecido a tanta velocidad, y que constituye una bomba de relojería.
Sr. Rajoy, se le da de perlas el análisis y el diagnóstico, pero España necesita propuesta y pronóstico. Si usted se guarda el as de oros para la última baza, es decir cuando ya se encuentre en el poder, es que no le importa el país, le importa el triunfo de su formación. No hay nada más indigno para un país que un gato político que se relame en público, con toda la banca de sus huestes en aplauso unánime. El 60% de las familias en crisis y el 20% de las que andan por debajo del umbral permisible, según los datos de Caritas, no se merecen la ovación de una réplica política. La nuestra es una España que lleva en la mano derecha un curriculum engordado y disponible para cualquier mandado, y en la izquierda un temblor por si no llega la comida.
Rajoy se equivocó, el debate de los Presupuestos no era la ocasión de superar con el rodillo de la labia al contrario, sino la oportunidad de dar esperanza al país con una propuesta inteligente, para que el ciudadano medio se dé cuenta de que aún queda partido. Se ha generado hacia la clase política desconfianza y modorra, las dos actitudes propicias a la dejación. Los políticos parecen la aristocracia venida a menos que contaba Lampedusa en El gatopardo. Y de la dejación a las corruptela y la manipulación de los que rigen los destinos de la cosa pública hay un pequeñísimo paso.
España no se merece un debate que se gane o se pierda, ya basta de tanta victoria de bucanero que brinda con su botella de ron. El español que lee estas líneas no quiere vencedores, sino operarios, funcionarios que funcionan, políticos que se dejan la piel en la res publica. Si las radiografías de muñeca se realizan para saber el grado de madurez de un chaval, en el Congreso de los Diputados es seguro que no se llega a la mayoría de edad. Allí se busca la victoria por abordaje del pirata , cosas de críos.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Los zurbaranes de Sevilla han conseguido dejar el tiempo desabotonado, en suspenso. Los chinos dicen que ven la hora en los ojos de los gatos. Baudelaire escribió que cuando se inclinaba sobre aquella mujer que le inspiraba sus mejores versos, y la miraba fijamente a los ojos, veía con claridad la hora, “constantemente la misma, una hora vasta, solemne, grande como el espacio, sin división de minutos y segundos”, y es que cuando uno está con quien ama, al tiempo no le salen grumos. La mirada del espectador de Zurbarán tiene mucho de un estatismo que no desaloja de la realidad, sino que hace descubrir a Dios en los mundos y submundos cotidianos.
Claro, un museo que te recibe con tres patios abiertos (el del aljibe es de ensueño) y con sus silenciosos claustros, sólo interrumpidos por el gorgoteo del agua, insinúa que te espera un recorrido de honda experiencia religiosa.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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