Otra ley es posible para el aborto
25 octubre 2009
La sobreabundancia de noticias que en los últimos días han ido llegando a la opinión pública sobre el proyecto de reforma legislativa del aborto, aún pendiente de su tramitación parlamentaria, bien podría llevarnos a reflexionar intentando buscar soluciones imaginativas a lo que hasta ahora parece ser un callejón sin salida.
El aborto es un acto sanitario que debe ser valorado en el ámbito específico de la de salud, por lo que nunca debería haber sido planteado a espaldas de los profesionales. Sin lugar a dudas, partidarios y detractores del aborto parecen estar de acuerdo en una cosa: todos buscan el bien de la mujer que se encuentra embarazada sin haberlo deseado y con una situación angustiante que la oprime. Dicha situación puede deberse a factores muy diversos: soledad para llevar su embarazo adelante, precariedad laboral, dificultades económicas, insolidaridad familiar, abandono de la pareja y, en general, rotura de la trayectoria biográfica y de los planes de futuro previstos. En definitiva, tal como ha planteado el Comité de Bioética de España, lo que se plantea es una situación de conflicto entre madre e hijo. Ante esto ¿qué puede aportar la metodología del debate bioético?
El proyecto de ley y el informe del comité de bioética parecen tenerlo claro optando por propiciar el aborto si ésa es la decisión de la mujer. Sin embargo, éste es un curso de acción extremo entre los dos planteados a priori como los únicos posibles (decisión de la madre o defensa de la vida del no nacido). ¿No es posible encontrar un curso de acción intermedio?. Esto último parecería lo más prudente y, seguramente, lo más aceptado por la sociedad.
Equilibrio entre dos bienes
En concreto, en vez de plantear el problema como una opción entre dos posturas antagónicas, se podría apostar por buscar el bien de las dos vidas en riesgo: la mujer y el no nacido. Esto es posible. De hecho, es lo que sería más esperable de los poderes del Estado, ya que la sentencia de nuestro Tribunal Constitucional, al despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo en 1985, ponía como condición que el Estado procurara “la tutela de la vida del nasciturus” y, sin embargo, para todos está claro lo poco que se ha hecho en este sentido desde entonces por las sucesivas administraciones. Por eso, el maniqueísmo de ofrecer el aborto como única salida al embarazo no deseado parece contradecir directrices tan obvias como las expuestas por la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) que, en su informe denominado Enfoque estratégico de la OMS para fortalecer políticas y programas de salud sexual y reproductiva 2008, indica que “los tomadores de decisiones y los responsables de los programas relacionados con la salud sexual y reproductiva se deben preguntar cómo pueden reducir el número de personas que recurren al aborto”, dejando a cada país que establezca cuáles deben ser las medidas adecuadas para llevar a cabo esos objetivos.
Llevamos años admitiendo como normal el fraude de la ley por las clínicas abortistas y sin incorporar al debate los avances científicos que prueban las características del embrión. Para ello, si quien tiene las competencias y el poder de decisión correspondiente no reabre el diálogo social, desgraciadamente quizás habrá que esperar a una nueva ley. Ésta, aprendiendo de lo vivido en los últimos meses, es más que deseable que partiera del Ministerio de Sanidad y no de otros ministerios de carácter social, ya que, claramente, el aborto es un acto sanitario que debe ser valorado en el ámbito específico de los cuidados de la salud, por lo que nunca debería haber sido planteado a espaldas de los profesionales.
De este modo se facilitaría que el nuevo comité asesor nombrado a tal efecto, además de ser realmente representativo, estuviera plenamente capacitado para orientar medidas que acabarán ineludiblemente repercutiendo sobre el personal médico y de enfermería, teniendo en cuenta propuestas de la Organización Médica Colegial y las sociedades científicas implicadas de ginecología, atención primaria y bioética, además de contar con las organizaciones de experiencia acreditada en el cuidado y atención de embarazadas con problemas: redes de ayuda social a inmigrantes, mujeres sin recursos de diferentes estratos sociales, etc.
Actualmente algunos grupos excesivamente politizados inexplicablemente parecen querer rechazar del debate precisamente las iniciativas sociales que han llenado el hueco dejado por la carencia de recursos públicos.
En definitiva, de lo que se trataría es de ofrecer desde el Estado el máximo de ayudas (mediación familiar, recursos de vivienda, laborales, económicos, jurídicos etc.) a esas mujeres poniendo en marcha un amplio tejido social de solidaridad. Evidentemente, aquí sí que éticamente no habría nada que objetar y quien, hipócritamente, negara esta posibilidad de ayuda a estas mujeres se descalificaría por sí solo.
Afortunadamente, este tipo de iniciativas legislativas no son sólo una bonita hipótesis de trabajo sino que forman parte de la realidad impulsada en algunas de nuestras comunidades autónomas, como Valencia y Castilla y León bajo la denominación de planes de Protección de la Maternidad.
Apertura de la adopción
El objetivo final, por tanto, sería tan ambicioso como plantear que nadie se vea en la necesidad de abortar. Aun así, siempre habrá casos de mujeres que no quieran convertirse en madres con todo lo que ello conlleva. Por eso, este tipo de provisión de recursos debe complementarse con iniciativas para facilitar la donación del hijo en adopción, disminuyendo las excesivas trabas burocráticas que convierten a esta última opción en un auténtico calvario para las mujeres que, después de haber mantenido su embarazo no desean continuar una precaria maternidad.
A nadie se le esconde que este camino propuesto no es fácil. Llevamos demasiados años abordando este tema desde una postura dualista, admitiendo como normal el fraude sistemático a la ley vigente por parte de las clínicas acreditadas en la interrupción voluntaria del embarazo y no queriendo ver ni incorporar al debate los avances científicos que nos dan prueba de las características del embrión humano.
Un cambio de rumbo debería comenzar por volver a ver la maternidad como algo positivo y necesario, y no como una quiebra de intereses personales. Después, sólo después, sería posible lanzar un mensaje unívoco a nuestras embarazadas: “No estás sola. La sociedad entera está aquí para ayudarte”.
Es una opción solidaria, éticamente irreprochable. ¿Lo intentamos?
José Jara
Presidente de la Asociación de Bioética de la Comunidad de Madrid


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


Impecable artículo. Todos debemos estar a favor de la vida de TODOS, SIEMPRE, en cualquier circunstancia y situación. Es algo obvio, humano, justo, de sentido común, pero hoy más que nunca se cumple el refrán popular que dice que “el sentido común es el menos común de los sentidos”. Niño por nacer, te esperamos, mamá embarazada, te queremos y queremos ayudarte. Ése es el camino del humanismo integral, plenificante, superador, bueno para todos. El amor a las personas y la apertura a la vida son constructivos. Hay que volver a globalizar la vida, la verdadera libertad, la compasión, en el sentido de sentir con el otro, padecer con el atro, alegrarse con el otro.