Los fanáticos somalíes premian con armas al joven que mejor recite el Corán
25 octubre 2009
Los alucinados de Al Shabaab son aliados de Al Qaeda. Un fusil de asalto AK-47, dos granadas de mano, una computadora y una mina antitanque recibió como premio un joven de 17 años al ganar una competencia sobre el rezo del Corán y conocimientos generales, organizada por fanáticos de al Shabaab en el sur de Somalia.
El segundo lugar de la competencia, que duró un mes y se realizó entre jóvenes de 10 a 25 años de edad, recibió un AK-47 y munición durante la ceremonia, donde los rebeldes instaron a los padres a permitir que sus hijos aprendan a manejar armas y a luchar contra el enemigo.
Una de las siniestras peculiaridades de los facinerosos de Al Shabaad es que azotan a cualquier mujer a la que soprendan llevando sujetador, con el argumento de que eso es un “engaño” e infringe la Ley del profeta mahoma. Desde el comienzo del 2007, los enfrentamientos en la nación del Cuerno de Africa han causado la muerte de más de 18.000 civiles y desplazaron de sus hogares a otros 1,5 millones.
Junto con otro grupo rebelde, Hizbul Islam, al Shabaab ha estado combatiendo a las tropas del Gobierno y a los soldados de paz de la Unión Africana para imponer su estricta versión de la ley islámica en todo Somalia. Los enfoques religiosos de al Shabaab son rechazados por muchos somalíes, que tradicionalmente son musulmanes moderados. Pero algunos residentes alaban a los terroristas por restaurar una relativa estabilidad y aplicar la ley y el orden en las zonas que están bajo su control.
Los alucinados de Al Shabaab, considerados por Washington como representantes de Al Qaeda, controlan la mayor parte del sur y centro de Somalia y también han apuntado a niños somalíes en la vecina Kenya para su radicalización y reclutamiento en sus filas.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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