“En silencio juegas a desordenarme” de Xavier Barneys
25 octubre 2009
En silencio juegas a desordenarme
las cosas que el pudor no enseña.
A mis huesos les pones otro nombre,
se hacen de arena, se arriman a las nubes.
Me protege la camisa de que tu voz
llegue a mi piel, abriéndole soles más altos.
Mis pulmones son pieza delicada,
si te callas, sus manos de mariposa
pierden arrugadas los colores.
Y esa risa tuya que me agarra por los pies,
me hace preso y feliz,
no es clemencia lo que exijo,
pues la condena de oírte me abre un planeta.
Ya no puedo mirarte sin poner la vida boca abajo.
¿Por qué siendo hombre y distinto a tu figura
quiere mi cuerpo llegarse a ti?
¿No le bastan las palabras que me escribes?
Una uña pide un dedo, y el dedo una mano.
¿Dónde te acabas?
No sabría cómo empezarte.
Con una lágrima piden los niños una madre.
Con otra lágrima, más huérfana si cabe,
ruego tocarte un labio.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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