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La picaresca y los coches viejos

18 octubre 2009

Nuestras cuentas públicas, que no se engañe nadie, no flaquean en la construcción, como han tratado de hacernos creer, flaquean en la industria. El sector secundario es el verdadero punto débil de la economía española, lastrada por la falta de competitividad, acrisolada gracias a no pocas ayudas –estatales, autonómicas e incluso locales- con tal de no ver cómo una empresa de marcha de un pueblo y deja en la calle a miles de personas.

Con este panorama, no es de extrañar que al Gobierno un día se le ocurriera anunciar que iba a destinar una buena partida del erario público a un sistema de ayudas a la compra de automóviles que premiaba a quienes abandonasen sus coches de más de diez años.

Cuando el público presente en la sala en la que Miguel Sebastián desvelaba la medida, giró la cabeza para mirar por los grandes ventanales que daban a la Castellana, no pudo contabilizar ni un coche de más de diez años.

Y, sin embargo, cuando las empresas fabricantes se han puesto a repartir coches como pipas con precios impensables hace dos años gracias al mix de ayudas Estado-Comunidad Autónoma-empresa, el Gobierno ha anunciado que se le había acabado el dinero. Es decir, de debajo de las piedras han salido coches de más de diez años.

Lo cierto  es que la privilegiada mente del español medio, heredero por derecho y cultura del Lazarillo de Tormes, ha ideado el sistema perfecto: si se entrega un coche de más de diez años, te ahorras 2.000 euros en total. Comprarle a un chatarrero un coche de más de diez años cuesta unos 200 euros. Bien vale la pena pagar 200 por ganar 2.000, porque la cuenta sigue siendo favorable en 1.800 euros.

El problema de las medidas que dan peces pero no enseñan a pescar es que invitan, de inmediato, a la picaresca, a la búsqueda del resquicio legal que permita exprimir más la ayuda. Sin embargo, cuando lo que se hace es enseñar a pescar, no pesca el pícaro, sino el que está dispuesto a hacer el esfuerzo de coger una caña y echar la mañana tirando del sedal.

María Solano, periodista

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