La memoria histórica de Rusia
11 octubre 2009
En mayo de este año el presidente Medvedev estableció un comité de 28 expertos para salvaguardar «la verdad histórica», con la intención de «contrarrestar intentos de falsificar la Historia e intereses de Rusia». «Debemos luchar por la verdad histórica», declaró.
Es significativo que casi todos los 28 así llamados expertos para la «comisión por la verdad histórica» no sean historiadores. La mayoría de los miembros son políticos y militares burócratas leales al régimen. Uno de ellos, Sergei Markov, un político, dijo: «Tenemos que escoger qué manuales de Historia dicen la verdad y cuáles mienten». Es una afirmación asombrosa, que hace temblar de miedo a cualquier historiador. La pregunta obvia es: ¿cuál es el motivo por este repentino interés en la «verdad histórica»?
La verdad es que Rusia está intentando defenderse de su propia Historia. El Gobierno está reaccionando en contra de los recientes giros habidos en los países que una vez fueron satélites de la Unión Soviética, y están ahora tratando de mirar hacia el pasado estalinista a través de sus propios ojos nacionalistas en lugar de a través de ojos soviéticos. Medvedev ha sido especialmente crítico con Letonia, Estonia, Polonia, Ucrania y Georgia, todos los cuales han condenado las atrocidades rusas en sus países y han tomado medidas para reescribir su Historia nacional.
Los polacos, en particular, han declarado públicamente este año que el de 1939, que permitió a Rusia la ocupación de la mitad de Polonia, y la subsiguiente masacre de 20.000 oficiales militares polacos, fue una causa directa de la Segunda Guerra Mundial. Eso haría a Stalin tan culpable como Hitler de causar la guerra.
Los líderes rusos han condenado esta opinión como una mentira. La reacción oficial se puede ver en un artículo que escribió este verano el coronel Sergei Kovalov, del Instituto de la Historia de la Guerra en el Ministerio ruso de Defensa, bajo el título Historia contra mentiras y falsificación. En el artículo, Kovalov culpaba a Polonia del estallido de la guerra, y declaraba que las demandas de Hitler sobre Polonia eran «moderadas». Stalin, afirmaba, firmó el pacto con Alemania ex profeso para evitar la guerra.
Los rusos encaran un formidable obstáculo, porque ahora todos sus vecinos independientes guardan amargas memorias del gobierno socialista. El presidente ucraniano Viktor Yushchenko viene presionando a su Parlamento para que declare las hambrunas de principio de los años 1930, provocadas por la campaña de Stalin por la colectivización de granjas, un acto de «genocidio» (holodomor) de los soviéticos contra el pueblo de Ucrania. Los georgianos han abierto dos museos sobre la ocupación soviética de su país. Y en Estonia han trasladado un monumento conmemorativo a las tropas soviéticas fuera del centro de la capital.
La propuesta nueva ley para proteger la memoria histórica de Rusia especifica que cuestionar el papel del régimen de Stalin en la guerra, será castigado con una fuerte multa o sentencia de tres meses de cárcel. Es interesante como una y otra vez la palabra «soviético» aparece en el debate. En mayo de este año, cuando se celebraba el final de la Guerra Mundial, Medvedev afirmó: «Nunca olvidemos que nuestro país, la Unión Soviética, contribuyó decisivamente al desenlace final de la Segunda Guerra Mundial, que fue precisamente nuestra gente quien destruyó el nazismo y determinó el destino del mundo entero».
Rusia todavía no ha logrado controlar la manera de escribir su Historia. Un periódico ha condenado la propuesta como de «grotesca». Los libros que critican el pasado estalinista circulan con libertad. Pero Stalin se introduce lentamente en algunos manuales de historia, en los que se le describe como un «eficiente [en ruso, effectivniy] dirigente». La policía ha registrado las oficinas de grupos que investigan los crímenes de Stalin, y un oficial del Kremlin condenó a uno de estos grupos por cuestionar la «gloriosa memoria» de la Unión Soviética. Un importante historiador ruso afirma: «Me temo que la comisión será utilizada como caza de brujas y ajuste de cuentas».
Comentando estas tendencias en Rusia, me gustaría citar de un artículo en el The St. Petersburg Times, del periodista y antiguo diputado de la Duma, Vladimir Ryzhkov, que señala que el Gobierno ha bloqueado el acceso a archivos delicados sobre materias como los crímenes de la Unión Soviética durante la guerra o la deportación de nacionalidades. Afirma: «Los historiadores estiman que el número de víctimas sólo en la Era Stalin se aproxima a 60 millones de personas; la cifra exacta es difícil de precisar, y los archivos inmovilizados harán aun más difícil llegar a la verdad». Su argumento es muy sencillo: si el Gobierno cree que otros países están distorsionando la verdad, ¿por qué no hacer asequibles los documentos pertinentes, de manera que la verdad pueda darse a conocer?
Henry Kamen


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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