Dos años, tres meses y un día de cárcel por molestar con la televisión
28 Septiembre 2009
El Juzgado de lo Penal número 3 de Bilbao acaba de dictar una sentencia pionera al castigar un delito medioambiental en el ámbito privado. La resolución condena a dos años, tres meses y un día de cárcel a un vecino de Bilbao por «desquiciar», en palabras de los afectados, al matrimonio que reside en el piso contiguo al suyo en el Casco Viejo de Bilbao, al poner el aparato de televisión y el equipo de música a tope a cualquier hora del día o de la noche.
El fallo, que puede ser recurrido ante la Audiencia vizcaína, obliga además al condenado, médico de profesión, de 64 años, a indemnizar con 30.000 euros por «daños morales» a sus vecinos, una pareja de 70 y 73 años, además de imponerle multas de hasta 8.000 euros por «una falta de lesiones por imprudencia grave». El hombre sufre un trastorno ansioso-depresivo que le obliga a medicarse, a causa de los ruidos.
Los hechos comenzaron a producirse en septiembre de 2005, cuando el denunciado y sus víctimas se enfrentaron por la instalación de un ascensor en el edificio, y se han prolongado «durante largos períodos de tiempo».
«Con la intención de perturbar la tranquilidad de sus vecinos, J.C.F.C., cuyo domicilio linda con el del acusado, sintonizaba sus aparatos audiovisuales, tanto de día como de noche, a un volumen muy por encima de los límites permitidos por las ordenanzas municipales del Ayuntamiento de Bilbao y por la Ley de Ruido de 17 de noviembre de 2003».
Las víctimas le suplicaron en varias ocasiones que bajara el nivel de ruido, pero él hizo caso omiso. Llegaron a poner en venta el piso para mudarse ante lo «insostenible» de la situación. La paralización del mercado inmobiliario por la crisis les ha impedido cumplir su deseo hasta la fecha. Cuando se producían estos episodios ruidosos, la pareja llamaba a la Policía Municipal de Bilbao, que realizó doce sonometrías, tanto en el domicilio de los afectados como en el foco emisor, la vivienda del acusado. En todas ellas, el nivel sonoro se encontraba por encima de los máximos permitidos, 30 decibelios de noche y 40 de día.
En una ocasión, los agentes locales realizaron un informe en el que describían que J.C.F.C. tenía los altavoces del televisor y el propio aparato dentro de una chimenea que lindaba con la pared del dormitorio de los vecinos, lo que «hacía que el sonido reverberara y se multiplicara el efecto». Dentro de la sala del acusado se alcanzaban los 100 decibelios, según el escrito policial. Los policías declararon en el juicio que «el ruido era evidente y molesto» antes de hacer la prueba, y llegaron a comparar el domicilio del acusado con una «discoteca».


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Los zurbaranes de Sevilla han conseguido dejar el tiempo desabotonado, en suspenso. Los chinos dicen que ven la hora en los ojos de los gatos. Baudelaire escribió que cuando se inclinaba sobre aquella mujer que le inspiraba sus mejores versos, y la miraba fijamente a los ojos, veía con claridad la hora, “constantemente la misma, una hora vasta, solemne, grande como el espacio, sin división de minutos y segundos”, y es que cuando uno está con quien ama, al tiempo no le salen grumos. La mirada del espectador de Zurbarán tiene mucho de un estatismo que no desaloja de la realidad, sino que hace descubrir a Dios en los mundos y submundos cotidianos.
Claro, un museo que te recibe con tres patios abiertos (el del aljibe es de ensueño) y con sus silenciosos claustros, sólo interrumpidos por el gorgoteo del agua, insinúa que te espera un recorrido de honda experiencia religiosa.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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