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Cumbres borrascosas

27 septiembre 2009

El pasado verano, la tienda IKEA de Burbank (California), fue el ojo del huracán de uno de los experimentos cinematográficos más extraños que yo jamás haya visto. A plena luz del día y sin que ningún responsable de la tienda lo supiera, rodaron un culebrón, con actores profesionales.

El responsable de dicha hazaña ha sido el director norteamericano David Seger, quien ha visto crecer su sitio web en “myspace”, hasta las más altas cumbres, tal y como reza el título de la serie: IKEA Hights, una especie de “Cumbres borrascosas” en versión moderna y consumista. Este atrevimiento, le ha convertido en la actualidad en uno de los realizadores con más proyección por su inventiva y creatividad.

Lo cierto es que la idea es divertida, muy divertida. Un puñado de actores repartidos por la tienda. Una cámara digital en ristre, un par de conflictos semiperfilados y a rodar. El resultado bien podría haber sido un verdadero bodrio, pero David ha sabido sacar el máximo partido a las imágenes, los actores y el montaje, creando una telenovela, entretenida y hasta con suspense. La película ha sido comprada por el canal televisivo de Internet Chanel 10 (www.chanel10.com), y es emitido en capítulos de cinco minutos.

Pero por encima del chascarrillo, ocurrente y genial, la reflexión es cuando menos inquietante. La película ha sido rodada por actores ante los ojos de cientos de clientes, sin que ninguno se parara a reflexionar qué le ocurría a ese hombre que lloraba, a esa pareja que discutía o a ese hombre que se desplomaba.

Cuantas veces ocurren verdaderos dramas a nuestro alrededor que nosotros obviamos silenciándolos con nuestro indiferentismo. Cerca de la confortabilidad de nuestro hogar, a la gente le ocurren cosas… No todas son de nuestra incumbencia… aunque a lo mejor sí…

Cuando era pequeña, viajaba en tren de cercanías con mi padre cada viernes, para pasar el fin de semana en la sierra. Cuando veía la inmensidad de la ciudad a través de las ventanillas del tren, y me fijaba por casualidad en una ventana que se encendía o se apagaba, me preguntaba ¿Quién le habrá dado al interruptor? ¿Será un niño o una niña? ¿Será un anciano? O ¿Tal vez una madre que acude a tranquilizar a su hijo asustado? Y me imaginaba sus vidas y… rezaba por ellos.
La vida de los demás no puede pasarnos ajena. Es inhumano vivir aislados. No se trata de ir por la vida, metiendo las narices en los problemas de los demás, si no de tener una disponibilidad de escuchar. Mirarles a los ojos, sonreírles, saludarles… Muchas veces es tan poco lo que uno necesita. Ojalá no nos lo tengan que pedir.

Eva Latonda

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