El síndrome de “Alicia en el País de las Maravillas” distorsiona la percepción visual
19 Julio 2009
En el libro de Lewis Carroll “Alicia en el País de las Maravillas” (1865), hay muñecos que cobran vida, personajes que cambian de tamaño en proporciones desmesuradas, sillas y mesas pueden crecer en cuestión de segundos, cartas que andan y se revolucionan…
Y sin embargo, todo esto puede parecer completamente real, al menos para algunas personas que padecen el denominado síndrome de “Alicia en el País de las Maravillas”, una afección que se caracteriza por una percepción visual alterada que puede incluir sensaciones como las descritas en el libro de Carroll. Incluso algunos investigadores especulan con la posibilidad de que el mismo Carroll padeciera este síndrome.
Las personas con síndrome de “Alicia en el País de las Maravillas” pasan por periodos de varios días en que ven cómo un objeto se mueve solo o cómo su cuerpo parece aumentar o disminuir de forma repentina. Se trata de un trastorno bastante complicado y que puede guardar alguna relación con las migrañas. Quien sufre esta dolencia es consciente de que sus visiones no son reales. Este síndrome resulta más frecuente en niños o adolescentes, y también puede deberse a una enfermedad infecciosa o una lesión cerebral. Es una afección proclive a aparecer en entornos familiares donde algún miembro ya ha experimentado este síndrome.
Dentro de las publicaciones científicas, la primera descripción de de este fenómeno data de 1952, cuando C. W. Lipppman trató a siete pacientes que mostraban distorsiones extrañas de su imagen corporal. Tres años más tarde John Todd denominó a esta dolencia como síndrome de “Alicia en el País de las Maravillas”, por el parecido que guardaba con el relato de Carroll y la película de Walt Disney (1951).
Recientemente, un grupo de investigadores españoles han trabajado con el caso de una niña que sufrió este tipo de visiones durante un mes. En ese periodo, incluso tres veces al día. Durante las dos semanas posteriores, las visiones deformes fueron atenuándose, con algunos intervalos de dos o tres días de percepción normal. Luego, los síntomas desaparecieron sin ningún motivo.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Los zurbaranes de Sevilla han conseguido dejar el tiempo desabotonado, en suspenso. Los chinos dicen que ven la hora en los ojos de los gatos. Baudelaire escribió que cuando se inclinaba sobre aquella mujer que le inspiraba sus mejores versos, y la miraba fijamente a los ojos, veía con claridad la hora, “constantemente la misma, una hora vasta, solemne, grande como el espacio, sin división de minutos y segundos”, y es que cuando uno está con quien ama, al tiempo no le salen grumos. La mirada del espectador de Zurbarán tiene mucho de un estatismo que no desaloja de la realidad, sino que hace descubrir a Dios en los mundos y submundos cotidianos.
Claro, un museo que te recibe con tres patios abiertos (el del aljibe es de ensueño) y con sus silenciosos claustros, sólo interrumpidos por el gorgoteo del agua, insinúa que te espera un recorrido de honda experiencia religiosa.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


Según he leído en varios ensayos al respecto, éste puede ser el trastorno que explique, en parte, la vision que las personas anoréxicas y bulímicas tienen de sí mismas. Perciben su figura completamente diferente a como es en realidad (en estos casos, más grande, más ancha).
Slds.
Me parecio muy interesante, es como si la imaginacion de uno, quisiera salirse para convertirse en su propia realidad♥