Responsabilidad con el mañana
28 junio 2009
Un gobernante responsable es el que no sólo mira a corto plazo, no sólo actúa para los que le votarán en unos cuantos años, sino el que mira al futuro y pretende dejar escrito mucho y bueno. Pero esa responsabilidad con el futuro no puede componerse sólo de cambio climático y lucha contra la desertización. Hay otras preocupaciones, menos simpáticas, menos vendibles pero más necesarias.
Que un Estado asuma una deuda de grandes dimensiones, que supone un importante porcentaje de lo que es capaz de ganar, no es responsable. La deuda no se adquiere porque el Estado derroche. No suele hacerlo en tiempos de crisis, sino porque no gasta con acierto. Es decir, no gasta en el lugar adecuado, gasta en parches sobre una tela que ya está tan desgarrada que coser aquí significa romper allí.
El problema del gasto en momentos como éste y del salvaje engorde del déficit es que se lastra la capacidad de despegue de la España de nuestros hijos. Ellos tendrán que pagar lo que el Estado -un Gobierno al que no conocerán- gasta hoy en esfuerzos infructuosos por capear el temporal, sin entrar en lo importante: mejorar la competitividad, aportar valor añadido, dotar a la economía de los medios suficientes para salir fortalecida.
Por mucho que trabajen, que intenten llegar lejos, más lejos, superarse, crecer más, siempre tendrán el lastre de la deuda engordada por los intereses y encarecida por la caída de confianza en un Estado que implica el que deba mucho dinero. La historia no sólo juzga por lo que un político hace sino también por lo que deja.
María Solano, periodista


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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