Los videojuegos también pueden ser beneficiosos
28 junio 2009
La mala fama de todos los videojuegos por la agresividad que generan en los niños y adolescentes, queda ahora en entredicho gracias a un nuevo estudio que revela que no todos los videojuegos son iguales y no todos favorecen conductas agresivas. Existe otro tipo de videojuegos que recompensan las buenas conductas y son muy beneficiosos para sus usuarios.
(El Guijarro Blanco) Esto es lo que se desprende de dos investigaciones recientes sobre el impacto de los videojuegos en los adolescentes. Estudios que son recogidos por la agencia Aceprensa en un artículo que reproducimos y resumimos a continuación.
Una de las investigaciones ha sido realizada en tres países, bajo la dirección de Douglas Gentile, de la Universidad Estatal de Iowa. En la primera parte del experimento, a cada uno de 161 estudiantes norteamericanos se asignó un videojuego para que jugara durante 20 minutos. A unos les dieron “Ty2” o “Crash Twinsanity”, ambos de combate y destrucción. A otros les cayó en suerte “Chibi-Robo!”, que implica ayudar a los personajes a cumplir sus quehaceres, o “Super Mario Sunshine”, en el que los jugadores limpian las calles de suciedad y pintadas. Un tercer grupo usó juegos de habilidad como “Pure Pinball” o “Super Monkey Ball Deluxe”, que consiste en guiar una bola a través de laberintos.
Los juegos sociales favorecen las conductas generosas
Al acabar, se pidió a los participantes que eligieran 11 rompecabezas entre 30 –fáciles, regulares o difíciles– para hacer con otro. El que consiguiera terminar diez, conseguiría un premio de 10 dólares para su compañero. Los jugadores de juegos sociales eran significativamente más propensos a ayudar a sus compañeros seleccionando rompecabezas fáciles. Justo lo contrario que aquellos que jugaron a juegos violentos.
En la segunda parte del estudio se preguntó a 680 singapurenses de 12 a 14 años sobre sus tres videojuegos favoritos y las horas que juegan con ellos, y se les pidió que rellenaran un formulario sobre ideas y hábitos. Según se deduce de las respuestas, aquellos que dedican más tiempo a juegos en que se trata de ayudar a otros, en la vida real también lo hacen, y por término medio tienden más a compartir, cooperar y empatizar con los demás, y menos a admitir pensamientos hostiles y aceptar la violencia como cosa normal.
En una tercera muestra, se preguntó a japoneses de 10 a17 años cuánto tiempo empleaban en juegos de esa misma clase. Luego se hizo una encuesta entre los compañeros de esos chicos, y resultó que los aficionados a tales videojuegos fueron los mejor considerados por su disposición a ayudar.
Alimentan las actitudes que muestran
Otro estudio confirma las conclusiones de Gentile. Se debe a Tobias Greitemeyer (Universidad de Sussex) y Silvia Osswald (Universidad Ludwig-Maximilian, de Munich). En este caso, se pidió a 46 estudiantes alemanes que jugaran a dos juegos: uno pacífico, “Lemmings”, y otro neutro, “Tetris”, que sirvió de control. En el primero hay que salvar a unos animales de diversos peligros; el otro es una prueba de destreza.
Cuando acabaron, se les pidió que inventaran el final de tres historias que les propusieron incompletas. Las tres planteaban una situación tensa, en que dos personas podrían acabar peleando. Los que habían jugado a “Lemmings” fingieron desenlaces en que los personajes mostraban pensamientos y reacciones mucho menos agresivos que en los ideados por los jugadores de “Tetris”.
Todo esto parece indicar que los videojuegos no son, en cuanto a influencia en el comportamiento, muy distintos de la televisión, el cine, la literatura u otras artes y diversiones: todas tienden a alimentar las actitudes que muestran.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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