Iglesia y Gobierno, el sitio de cada uno
28 junio 2009
Los políticos tienen la errónea percepción de que son el centro de atención de toda la sociedad. Creen que todo lo que acontece en las vidas de los que viven en el país depende de ellos. Suelen pensar que “lo público” pertenece al Estado, en lugar de a los ciudadanos, y se atreven en ocasiones, como ha ocurrido en Cataluña, a legislar hasta lo privado, tiempo de ocio incluido.
Es un defecto cuya raíz está en la politización generalizada de poderes, instituciones, organizaciones y medios de comunicación. Al final, todo es política, porque de todo hablan los políticos. Y si no lo hacen ellos, lo hacen los estamentos infectados por este mal. Así se comprende que, por ejemplo, el fichaje de Cristiano Ronaldo se haya convertido en una cuestión de Estado. El Gobierno ya lo ha criticado, pese a que sea una operación de “empresas” privadas. No me extrañaría, que por este virus de la politización, se etiquete de “progres” a quienes se oponen al caro fichaje y de “derechona rancia” a quienes sean partidarios de la última adquisición de Florentino Pérez.
Pero el virus pasa a ser un cáncer cuando a la politización se le suma el totalitarismo. Es un síntoma peligroso para un sistema político cuando los políticos intentan apartar de la vida pública, negar el derecho de opinión, a quienes no piensan como ellos. La Vicepresidenta Económica del Gobierno cree que “la Iglesia no sabe cuál es su sitio” porque habla sobre el aborto. Recupera esa vieja máxima de que la Iglesia no debe pronunciarse, que la religión es algo que debe circunscribirse al ámbito privado de las personas. No hace falta ser muy inteligente, ni siquiera ser Ministro, para comprender que la Iglesia Católica, y su jerarquía ilumina a sus fieles sobre cuestiones morales. Y la defensa de la vida, de los más indefensos, de los no nacidos, lo es. Intentar negar a la Iglesia su derecho a opinar sobre estas cuestiones es un atropello a la libertad. ¿Sería capaz la Ministra de decirle a los sindicatos que no opinen sobre los sueldos de los trabajadores?
Los partidos políticos son máquinas que trabajan para ganar elecciones. Los expertos en Comunicación Política hablan de partidos catch-all (cuya mejor traducción sería “cazavotos”), entre ellos PSOE y PP, no tan alejados en sus políticas, pero oportunistas para sumar votos que les lleven al poder. Se confunden si creen que la Iglesia Católica o cualquier otra religión en España buscan cazar votos. Pero bien le vendría al PSOE pararse a pensar si en sus estrategias para ganar elecciones han sido las correctas. Desde su propio partido, la corriente Cristianos Socialistas asegura que el PSOE perdió las europeas por introducir la reforma del aborto en la agenda. En ese afán de politizar todo, los dirigentes socialistas han etiquetado a todos los católicos como conservadores, anticuados y votantes del PP, olvidando que parte de su electorado profesa la fe católica. Mi buen amigo Fernando Vidal, de Cristianos Socialistas, ha recordado a su partido en una artículo en Vida Nueva que “unos 650.000 votos católicos socioliberales se han ido a la abstención como un paso previo a votar al PP en las siguientes elecciones. El apoyo al Gobierno estaba manteniéndose por un delgado hilo que el aborto acaba de cortar”.
La Vicepresidenta Económica, los estrategas de campañas electorales y la clase política entera deben saber que sobre los grandes temas morales, los católicos tienen un sentido de unidad, de compromiso, de fe, que supera cualquier afinidad ideológica. Su identidad cristiana está por encima del seguimiento a cualquier líder político y muy lejos de la politización que muchos pretenden. Harían bien, al fin y al cabo, en saber cuál es el sitio de cada uno.
Pedro José Rodríguez-Rabadán
Periodista


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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