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El tajo a la hidra

28 Junio 2009

Se multiplican los “summit”: por cada golpe que nos da la crisis, el mundo desfavorecido recibe dos. Por lo menos. Igual que dos expresiones se repiten en esta hecatombe: “sin precedentes” e “imprevisible” en su evolución. Panorama dantesco no sin luz en el horizonte. Porque soluciones las hay. ¿Y valentía?

Basta una edición, la del 14 de junio, del diario de la Santa Sede para recapitular problemas y perspectivas. En Johannesburgo ha concluido el XIX “summit” del Forum económico mundial dedicado a África, continente que pide reformas radicales de la finanza internacional. Ochocientos delegados de cincuenta países: coinciden en que para contrarrestar en África las consecuencias de la crisis económica internacional, originada por los países ricos, se necesitan estrategias sostenibles desde un punto de vista social y ambiental. Tutelar estabilidad y progreso: tarea dificilísima que debe afrontar el continente en tiempo de crisis económica.Seguimos en las observadoras páginas romanas, pero volvemos a los países “ricos”. Mientras la Opec (“Organization of the Petroleum Exporting Countries”) recorta las estimaciones de demanda de crudo, el Consejo de ministros de Energía de la UE aprueba en Luxemburgo un acuerdo para la coordinación de la gestión de las reservas de petróleo de los países de la Unión en caso de emergencia. El “summit” advierte de la posibilidad de una nueva crisis del gas entre Rusia y Ucrania, que no consigue afrontar sus deudas con Moscú. Se decide también en Luxemburgo un acuerdo para combatir la pobreza energética de los países africanos.

A pocos centímetros de esta noticia, el gobernador del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, dice que sería imperdonable que las autoridades políticas y monetarias hicieran estallar otra crisis optando por no reforzar inmediatamente los mercados financieros. El BCE –apunta “L’Osservatore Romano”- hasta ahora ha adoptado medidas excepcionales contra la recesión y sigue empeñado en mantener la estabilidad de los precios. Ahora los gobiernos y las instituciones de crédito también deben cumplir su parte. Según Trichet, la situación económica global “es aún difícil e imprevisible”; las bancas centrales deben “estar en alerta permanente”. Afirmaciones confirmadas por el empeoramiento de las previsiones para la economía española, que no pasa desapercibida en Roma. Se prevé una contracción récord del PIB español, además del anuncio del aumento del nivel de desempleo al 17,9% en 2009 y al 18,9% en 2010.

Hay puentes entre norte y sur. Se acaba de celebrar en Roma el “summit” de los ministros de Desarrollo del G8: reclaman una acción fuerte, coherente y coordinada contra los efectos de la crisis global; se intenta impedir que degenere en una crisis social más profunda, con todas sus consecuencias en términos de inestabilidad política y conflictos.

La ministerial del G8 sobre Desarrollo se abrió a las economías emergentes y a los países en vías de desarrollo, porque urge la corresponsabilidad de la comunidad de Estados. Porque problemas globales requieren soluciones globales. Porque todos deben ser considerados sujetos políticos activos en la esfera internacional, empezando por África, donde muchos países crecían a ritmo elevado antes de la crisis. Se busca evitar que se invierta irremediablemente esta tendencia, a la vez que, como propone el ministro italiano de Exteriores –Franco Frattini-, es apremiante seguir ayudando a esos mil millones de personas –“bottom billion”-, concentradas sobre todo en África, que jamás han salido del subdesarrollo. Aunque la cifra se había reducido en los últimos años, podría volver a aumentar dramáticamente.

Simultáneamente, en Lecce, “summit” de los ministros de Economía del G8. Llega a su mesa una carta de la Orden de los Frailes Menores (OFM) que celebran su capítulo general en Asís. Tras el saludo “Pace e bene!”, un recordatorio: si se quiere salir de la crisis, hay un cambio que los responsables políticos no pueden descuidar: el paso de una economía basada en el mercado a otra centrada en la sostenibilidad y en un estilo de vida más sobrio y responsable. Experiencia tienen, porque la OFM está presente en 113 países; desde siempre ha estado al lado de los que sufren conflictos, explotación y desigualdades; y es tradicional su compromiso con el uso ordenado de los recursos del planeta.

Empieza a la vez otro “summit”, el de la Fundación vaticana “Centesimus Annus Pro Pontifice”. Un congreso anual, en Roma, que no por casualidad elige el tema “Valores y reglas para un nuevo modelo de desarrollo”. Economistas, estudiosos y expertos financieros advierten de que hay que dejar de repetir que en el mundo hay una grave crisis económica. Ha llegado el momento de buscar las vías de salida, recurriendo a un modelo que por fin se base en las categorías de la subsidiariedad y de la solidaridad, que sepa garantizar, además del crecimiento económico, el desarrollo. Es la síntesis que hace el diario de la Santa Sede, junto a la esperada intervención de Michel Camdessus, ex director del FMI y gobernador honorario del Banco de Francia: define la actual crisis como “la primera de la mundialización”, una crisis financiera que, “como una hidra de siete cabezas”, se conecta con al menos otras seis crisis: pobreza del tercer mundo, crisis climática, crisis alimentaria, crisis energética, retorno al unilateralismo y crisis cultural. Así que, para intentar la solución que sea, “es necesario considerarlas todas cuando se procura regular una de ellas, dado que todas, de alguna forma, tienen origen en la avidez individual o colectiva, en el principio de tener, más que en el de ser”.

En fin, que se necesita un brazo fuerte y un tajo decidido a todas las cabezas de la hidra. Que nadie piense que será un acto violento, pero sí revolucionario, en el sentido más positivo. ¿Cómo empuñar esa poderosa –y pacífica- espada? Pistas de Benedicto XVI el mismo sábado, al recibir a los participantes del congreso de la “Centesimus Annus”: la economía de mercado sólo se puede recocer como vía de progreso económico y civil si se orienta al bien común. Economía y trabajo: protagonistas de la inminente Encíclica que el propio Papa vuelve a anunciar con un anticipo: “se evidenciarán aquellos que para nosotros, cristianos, son los objetivos que hay que perseguir y los valores que hay que promover y defender incansablemente, a fin de realizar una convivencia humana verdaderamente libre y solidaria”.

¿Otra pista del Santo Padre? El domingo, en el Ángelus, en vista del “summit” de la ONU (Nueva York, 24-26 de junio): un llamamiento a los responsables mundiales a guiarse por un espíritu de prudencia y de solidaridad humana “para que la actual crisis se transforme en oportunidad, capaz de favorecer una distribución equitativa del poder decisional y de los recursos, con particular atención al número, lamentablemente siempre en aumento, de pobres”.

Marta Lago

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