Casi 70.000 inmigrantes sudamericanos padecen el “mal de Chagas”
28 junio 2009
En torno a unos 68.000 inmigrantes procedentes de América Latina padecen la enfermedad conocida como “mal de Chagas”, que puede ser letal, aunque tiene un periodo de desarrollo de varios años.
Se trata de una dolencia producida por el parásito Trypanosoma cruzi, aunque sólo se transmite por medio de un tipo de chinche que no existe en España. Además, se calcula que unos 1.750 bebés también se encuentran infectados por este parásito.
A pesar de el chinche que transmite el “mal de Chagas” no vive en España, esta enfermedad se puede contagiar por medio de transfusiones de sangre y trasplantes de órganos, y también durante el embarazo pasando de la madre al hijo. Por este motivo, los expertos da mucha relevancia a la detección de esta dolencia en las maternidades, a fin de poder dar un tratamiento adecuado.
El desarrollo del “mal de Chagas” no presenta síntomas en su primera fase, que dura entre 10 y 25 años. Se estima que entre un 30 y un 40% de la población infectada desarrolla la fase crónica de esta enfermedad. En estos casos, los pacientes presentan lesiones irreversibles en el corazón, el esófago y el colon. En muchos casos, el “mal de Chagas” provoca fallo cardiaco y muerte. Según el doctor Joaquim Gascón, experto en Medicina Tropical y Salud Internacional del Hospital Clínic de Barcelona, en España esta enfermedad “se ha convertido en un problema de salud pública”. Gascón asegura que “si de las 700.000 mujeres latinoamericanas en edad fértil que viven en nuestro país, el 3,4% están infectadas, es decir, unas 24.000 mujeres, el 7,3% de los niños, unos 1.800, nacerán con esta enfermedad si no se detecta de forma precoz y se atajan sus síntomas”.
Sin embargo, el doctor Gascón no comparte la impresión de que los inmigrantes estén trayendo a España enfermedades ya erradicadas. En su opinión, el rebrote de esas enfermedades y la aparición de otras nuevas se debe a las condiciones de precariedad de los inmigrante que padecen estas dolencias.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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