Alertan sobre los riesgos de los “chicles energéticos” por su alto contenido en cafeína
31 mayo 2009
Se ha reportado en Italia un caso de grave alteración en un adolescente que fue causada por “chicles energéticos”. Al parecer, el joven entró en el servicio de urgencias de un hospital muy agitado y bastante agresivo. El chico aseguraba que no había tomado drogas, y sentía malestar abdominal, así como dolor al orinar y picor en las piernas.
Los médicos que examinaron al joven encontraron síntomas preocupantes, como una elevada presión arterial, agitación en el ritmo respiratorio y, sobre todo, un excesivo ritmo cardiaco (147 latidos por minuto). Sin embargo, los análisis de tórax y de sangre no mostraron datos anormales. Tampoco localizaron rastros de tóxicos. Al cabo de unas horas, el chico mejoró, sin que se le aplicara ningún tratamiento específico. Lo dieron de alta, cuando vieron que se encontraba en un estado normal, e incluso con un ritmo cardiaco bastante bajo: 40 latidos por minuto.
Ese mismo día, la madre del joven encontró dos paquetes vacíos de “chicles energéticos” en su mochila, e informó al respecto en el hospital. El chaval reconoció que había tomado todos esos chicles en apenas cuatro horas. En total, consumió 320 mg de cafeína, que es el equivalente a cuatro tazas de café. En el caso de un adulto, equivaldría a tomarse diez tazas de café en media mañana. Además, este adolescente no toma café, por lo que el efecto de estos chicles resultó mucho más acusado. Algunos días más tardes, este joven presentaba un rtimo cardiado bajo, síntomas de somnolencia y se desenvolvía con reflejos retardados. Casi una semana después, el joven ya se encontraba completamente recuperado. Un experto que ha analizado el caso asegura que “deberíamos tener en cuenta el consumo de estos chicles en casos de intoxicación por cafeína, porque además el riesgo es alto en niños y adolescentes debido a su escaso grado de exposición a ella, y tienen un fácil acceso a los productos en cualquier kiosko”.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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