El buen rollito de Obama
26 abril 2009
Eugene Robinson está cansado de la candidez de Obama. Nosotros no sabemos nada de aquél, pero acaba de ganar el Pulitzer por el artículo político del año.
Dice que los americanos tienen un presidente incauto, y con razón. Echarse unas risas con Chávez, cuando el mesías bolivariano se crece cada día en la ridiculización de la democracia norteamericana, tiene bemoles.
En la Cumbre de las Américas, el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, dejó escapar una soflama antiimperialista delante del presidente novicio, que no expresó ningún gesto de animadversión o crítica. De hecho, cuando le preguntaron los periodistas por el discurso de su homólogo latinoamericano, se limitó a decir que había sido largo.
Estoy con Robinson en que Obama o se enfunda la cólera o es que desconocemos si la tiene.
¿Se acuerdan cuando Juan Pablo II visitó Nicaragua en 1983? A pie de pista, le saludó el gabinete del Gobierno, entre los que se encontraba el ministro de cultura, el sacerdote Ernesto Cardenal. A pesar de que se puso de rodillas delante del pontífice, el Papa le reprochó su situación, la de ser un clérigo que ocupa un cargo político en un gobierno comunista, que acababa de derrocar a la dictadura de Somoza. Un gesto claro de liderazgo y autoridad no es una salida autoritativa o dictatorial, sino la mostración de una posición incontrovertible.
A Obama le entusiasma el buen rollito de tener la fiesta en paz, pero carece del coraje que le reprocha Robinson.
Facilitamos enlace para que el lector tenga más datos sobre Eugene Robinson.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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