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Las consecuencias del aborto en Japón

5 abril 2009

Se cree que las almas pueden venir a hacer algún daño a los vivos. Se pretende que las almas de los niños abortados tengan un lugar donde descansar. La gente los llama mizuko, que traducido al español significa “niños del agua”, un eufemismo que los japoneses utilizan para referirse a las criaturas que fueron abortadas natural o intencionalmente, siendo, al parecer, estos últimos, los casos más comunes.

Los mizuko son estatuillas de piedra que semánticamente deben su nombre a las palabras japonesas mizu (agua) y ko (niño). Como el líquido elemento, fueron ‘escurridos’ de la vida por sus padres. Son los no nacidos, para quienes el remordimiento ha creado cementerios en todo el país. No son cementerios propiamente dichos, pues no hay tumbas ni cadáveres. Solo estatuillas que evocan un doloroso recuerdo, y que muestran una tradición para muchos macabra o inhumana. Son lugares de oración, donde se practica la plegaria que se eleva para consolar a un alma en pena (kuyo).

Nadie sabe exactamente cuantos cementerios existen en todo el país, ni cuantas son las víctimas que representan. Luego de una búsqueda rápida en la Internet, encontramos 66 páginas digitales de cementerios ubicados en toda la geografía nipona, administrados por templos budistas. No hay estadísticas precisas del aborto, porque a pesar de ser una práctica legal, muchos se realizan y quedan sin registro oficial.

Sin embargo, ONG, organizaciones religiosas (budistas y cristianas) e incluso oficinas derivadas del Ministerio de Salud nipón coinciden en señalar que desde 1948, cuando se promulgó la Ley Eugenésica por medio de la cual se legalizó el aborto, hasta la fecha, el número de casos sobrepasa a la población actual del Japón.

Es decir, más de 127 millones de abortos en más de medio siglo, en un país con una de las tasas de natalidad más bajas del mundo y problemas de población que el gobierno trata de solucionar ofreciendo incentivos económicos a las parejas que tengan más hijos.

Una visita a Chichibu

“No hay estadísticas exactas, pero lo que se puede ver es que son parejas mayores, casadas, que ya tienen hijos y no quieren uno más, las que mas deciden tomar el camino de abortar” explica una voluntaria de una ONG cristiana.

Chichibu es una localidad ubicada en la prefectura de Saitama, a tres horas y media de Tokio. Allí, dentro de los terrenos del templo Shiunzan Jizoji se ubica uno de los cementerios de mizuko más grandes de todo el país. Son decenas de pequeñas planicies escalonadas y dispersas por doquier, adonde la vista se dirija, en toda la falda de la montaña. El lugar, creado en 1971, se abrió, según reza la placa conmemorativa, para que las almas de los niños abortados que vagan “en el país de las tinieblas”, tengan un lugar donde los padres los puedan “enterrar” y descansen.

“En realidad esta práctica de ‘enterrar’ a los mizuko, que se ha convertido en una tradición muy arraigada dentro de la cultura japonesa, no es mas que una muestra del remordimiento que sienten los padres por haber cegado una vida humana” explica el jesuita y jurista José Llompart, que lleva más de cuatro décadas viviendo en Japón, y que ha escrito varios libros sobre la cultura, leyes y tradiciones locales.

En Chichibu hay 32 diferentes cementerios enclavados en lo alto de la montaña y, más arriba, el santuario principal, al que se llega luego de subir 290 empinados escalones. “Dentro de la cultura nipona es muy importante la existencia de una tumba. Por ello, esto de ‘enterrar’ las almas de los no nacidos ha tenido tanto arraigo. Se busca evitar que las almas de estos niños regresen y dañen a la familia o a los hijos que sí nacieron”, explica Llompart.

Sobre el tema no hay informes ni historia ni datos ni cifras. Solo silencio. Es una práctica que existe y punto, no hay nada más que saber. Como si se quisiera olvidar. “No hay estadísticas exactas. Se ve que son parejas mayores, casadas, que ya tienen hijos y no quieren uno más, las que deciden tomar el camino de abortar”.
Dice la activista de una ONG japonesa que trabaja en el tema.

127 millones de abortos se calcula que se produjeron en Japón desde 1948, cuando fue autorizado. Hoy el gobierno ofrece incentivos a parejas que tengan más hijos.

Todo tiene su precio

Enterrar un mizuko cuesta de 80.000 a 150.000 yenes (entre 800 y 1.500 dólares), precio que incluye alguno de los tres tamaños de estatuillas existentes y su mantenimiento en del cementerio. Si se desea labrar un mensaje en la piedra, cada signo o número cuesta 100 yenes (un dólar). Y son los padres los que se encargan de adornar la estatuilla poniéndole baberos o gorritos de lana para el frío, llevándoles juguetes, poniéndoles nombres y en general, tratándolos como si hubieran nacido. “Esta no deja de ser una práctica comercial. Hace poco leí en el periódico que se han comenzado a vender replicas de bolsillo de las estatuillas de los ‘mizuko'”, añade el jesuita José Llompart. En Chichibu existe una publicación mensual gratuita que habla del tema y en la que se publican canciones, poemas y testimonios de padres antes y después de comprar una ‘tumba’ para su ‘mizuko’.

Salvo estas, que existen en la mayoría de los cementerios de ‘mizuko’, “sobre el tema no hay nada escrito”, asegura el jesuita Akio Awamoto, que los primeros domingos de mes oficia misa en honor a estas almas en la Iglesia Yotsuya, uno de los centros católicos mas grandes del Japón.

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Commentarios

2 Responses to “Las consecuencias del aborto en Japón”

  1. azucena sorto martinez on marzo 12th, 2011 18:19

    El señor dijo en el cuarto mandamiento no matarás y el aborto es un medio de asesinato y violan el cuarto mandamiento pidan perdon por esto a dios y no sigan matando inocentes.

  2. Estefanía Ramos on marzo 29th, 2011 7:44

    No puedo entender cómo habiendo tenido la oportunidad de tenerlo vivo prefieren tenerlo como un muñeco. Muchas veces la mente y el alma humana me asombran con acciones tan macabras e ilógicas como ésta.
    Las almas en pena en realidad no son las de esas pobres criaturas, ellas ya están con Dios, las almas en pena serán las de esos padres a quienes quién sabe si la misericordia divina llega a perdonarle tamaña aberración como significa el homicidio del propio hijo.

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