La política familar en Francia no separa a izquierdas y derechas
22 marzo 2009
Francia es el país de Europa con la natalidad más alta. Tanto los periódicos como los telediarios abrieron hace unas semanas sus espacios informativos con una noticia que les hacía sentirse (aún más) orgullosos de ser franceses: cada mujer en edad fértil en Francia tiene dos hijos de media. Exactamente, 2,1. No es algo casual, ni anecdótico, ni puntual. Tampoco responde a ninguna aportación extraordinaria de la población inmigrante, que contribuye sólo con el 0,1 de esta cifra.
En Francia hay un sistema estatal de ayudas que funciona, y la familia está bien vista.
El mismo estudio en España arrojaría un resultado completamente diferente. La tasa de fecundidad está en 1,37 hijos por mujer en edad fértil, y, si se excluye a las extranjeras, la tasa es aún menor, explica la demógrafa del CSIC Margarita Delgado. Aunque la tasa de fecundidad entre las extranjeras está todavía por encima de los 2,1 hijos por mujer que se considera necesario para asegurar que la población no decaiga (la llamada tasa de reemplazo), las inmigrantes tienden a copiar las costumbres de las españolas, matiza Delgado. “Ellas vienen a España a trabajar, y tienen peor información, por lo menos al principio, sobre las medidas de apoyo social, y en cambio les es más fácil acceder a los anticonceptivos”, apunta Delgado.
Los expertos consultados coinciden en algo que caracteriza Francia: los hijos están bien vistos y la necesidad de conciliar, también. La socióloga y experta en políticas de familia Dominique Meda añade que sin una buena opinión sobre la familia, Francia no alcanzaría la tasa de natalidad que ostenta. “No sólo se trata de una política que permita la conciliación, que existe en Francia aunque no es perfecta y es mejorable. Los ciudadanos franceses, y la sociedad en general, valoran mucho los niños, y eso se ha reflejado año tras año en los sondeos”.
En enero, la ministra francesa de Justicia, Rachida Dati, se presentó al primer Consejo de Ministros del año cinco días después de haber dado a luz a su hija. Su meteórica incorporación al puesto de trabajo, renunciando a su derecho de baja maternal (16 semanas en Francia, igual que en España) generó todo tipo de opiniones. Pero las críticas no le llegaron de ninguna asociación de defensa de la familia ni del papel tradicional de la mujer en la casa, sino de grupos feministas que la acusaban de mal ejemplo y de dar “ideas a los empresarios” en tiempos de crisis.
Un sondeo de 2004 dejó claro este asunto: el 17% de los franceses cree que los padres o madres deben dejar de trabajar para cuidar a los niños.
Francia ocupa el primer lugar entre los países de la OCDE en cuanto a presupuesto destinado a políticas familiares. Exactamente el 3,8% del PIB, incluidas las exenciones fiscales, los servicios y las ayudas económicas a familias. España, en el lugar 28 de esta lista, no llega al 1,5%. Así se recoge en un informe (La política sobre la infancia en Francia: comparación con las otras políticas de los países de la OCDE), elaborado por tres expertos de esta organización y presentado estos días en la Asamblea Nacional francesa. En él se precisa: “Francia se sitúa en cabeza en gasto público a favor de la familia. Estas ayudas son muy diversas”.
Efectivamente. Se cuentan hasta 30 tipos de ayudas a las familias con hijos. Algunas muy concretas y otras rebuscadas. Hay hasta una aportación estatal en caso de mudanza por el nacimiento de un tercer hijo, de aproximadamente 900 euros. Se ofrecen descuentos y exenciones fiscales si se emplea a un cuidador o cuidadora que se encargue de los niños, aunque acuda sólamente los miércoles (día no lectivo en Francia para los escolares de primaria y fuente de tormento para los padres que desconocen la inmensa cantidad de servicios municipales de actividades extraescolares).
De cualquier forma, la principal -y ahora cuestionada- ayuda financiera se llama “remuneración a la paternidad”. Permite al padre o la madre (a pesar del nombre, en un 98% la disfruta ella) dejar de trabajar si se tienen dos hijos o más a cambio de un sueldo mensual de unos 600 euros. Este permiso dura tres años.
De hecho, en febrero, con motivo de la entrega de las medallas de la familia, el presidente de la República, Nicolas Sarkozy, líder de la UMP, de centro-derecha, aseguró que “dejar el trabajo no puede ser la manera de cuidar a los niños pequeños”. Una diputada de su partido propuso acercarse al modelo sueco con una “remuneración a la paternidad” más corta, de un año, mejor pagada (hasta 1.800 euros) y compartida obligatoriamente con el padre. Si se cumple lo esperado, a eso tenderá el futuro del sistema francés.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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