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La clave de la familia está en el gato

22 marzo 2009

Decir que cuesta menos trabajo procurarse un divorcio, que darse de baja de un operador de telefonía móvil, no es una frase feliz, sino el epicentro de un drama. Estoy de acuerdo con Carlos Martínez de Aguirre, el presidente del observatorio Family Watch, cuando dice que basta ya de que los debates públicos acerca del matrimonio y de la familia, se realicen a partir de meras opiniones y no de datos.

Los datos sobre la sostenibilidad del matrimonio caen cada día en picado, un trayecto similar al del Ibex y al de la excelencia educativa en nuestro país.

Facilitar un divorcio por vía express y reconocerlo como una mera derrota de bridge, es desatender la gran vocación humana: procurarse en esta vida una alianza perdurable.

Me entusiasmó la reacción de aquel chaval que después de haber oído a sus padres decirle muy serenamente que se van a separar (hablo de la película “Una historia de Brooklyn” de Noah Baumbach), pregunta por el régimen de vida que va a llevar en lo venidero. Le responden que vivirá un tiempo en casa de papá, otro en la de mamá. Y, avispado, les suelta: ¿y qué hacemos con el gato? El gato es justamente la clave.

A lo largo de una historia matrimonial, se han ido fraguando novedades cotidianas: la compra de un acuario, el final del pago de la hipoteca, las fotos del verano, la mesa plegable de la terraza… Y cada una de ellas habla de que el matrimonio es una célula frágil que va adquiriendo, con el tiempo, el hábito de protegerse, como un abrazo. Y esa construcción paulatina demanda amparo.

Carlos Martínez de Aguirre ha presentado un informe reciente con el título “El matrimonio: ¿Contrato basura o bien social?”.  Dice que el juego de las mayorías no debe ser el criterio del legislador, que éste debe amparar lo que resulte mejor para la sociedad.

“El matrimonio es básicamente un compromiso, primero entre los cónyuges, y después entre los cónyuges y la sociedad, y el “divorcio express” es un gran disolvente entre ambos compromisos”.

“Por decirlo de una forma simple -continúa-, se ha tratado de hacer justicia con todas las situaciones unificándolas, igualándolas por debajo. Es como si se llamara propiedad a todas las formas de uso de una casa, sin distinguir la compra del alquiler o la donación”.

Para Martínez de Aguirre, la solución pasa por recobrar las funciones estratégicas de la familia, por demostrar, con los datos en la mano, que hay modelos familiares y matrimoniales que funcionan mejor que otros”. Por ello, apuesta por la idea de diversidad, “de manera que a los diversos modelos presentes en la vida social correspondan diversos modelos legales, adaptados cada uno de ellos a las características del modelo social de cuya regulación se trata, y a la funcionalidad de dichos modelos”.

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