Top

El ajedrez asiático

22 marzo 2009

Para EE. UU., Afganistán representa un gravísimo riesgo tanto para su propia seguridad como para la estabilidad del actual orden mundial. No sólo por la pérdida de credibilidad como superpotencia que supondría fracasar en su objetivo de acabar con las simientes terroristas y democratizar el país, sino por las graves consecuencias regionales que ello tendría, focalizadas en Pakistán, donde los extremistas islámicos, una vez que ganaran las tierras afganas, podrían centrarse en hacerse con las riendas del país con la segunda mayor población musulmana del mundo y dotado, además, de potencial nuclear.

Washington lo tiene difícil para ver cumplidos sus deseos de expandir su poder por una zona vedada hasta no hace demasiados años, que permite controlar los hidrocarburos de Asia Central y los corredores energéticos entre productores y los devoradores mercados asiáticos. Sobre todo porque existen muchos más actores internacionales que también participan en la partida. Sin llegar al extremo de pensar que se pueda jugar todo su porvenir en tan lejano y delicado escenario, el prestigio militar de la OTAN y su futura capacidad de disuasión también quedarían en entredicho si registra un fiasco en su primera operación fuera de Europa.

Una de las flaquezas de la Alianza es la diferente aproximación de sus miembros a la cuestión afgana. Mientras que para EE. UU. no parece revestir especial importancia la palabra ‘guerra’, su simple mención referida a Afganistán produce escalofrío a algunos socios europeos, conscientes de la falta de sensibilización de su población y del rechazo social a las bajas en operaciones tan distantes del suelo patrio.

Si bien los miembros de la OTAN se muestran más dispuestos, en general, a colaborar con la nueva Administración norteamericana, todavía persisten muchas reticencias. Alemania, que no quiere perder el protagonismo europeo que claramente le disputa el Gobierno de París -próximo a anunciar su reincorporación a la estructura militar de la Alianza-, no desea molestar a una Rusia de la que depende su suministro energético y que constituye un excelente mercado para sus intereses. En cuanto al modo de participación, y quitando el caso de Estonia, lo habitual es que todos los socios europeos de la OTAN establezcan rígidas limitaciones de intervención, que perjudican seriamente la eficacia operativa. Incluso el incremento de soldados prometido por Alemania -600- e Italia -500- irán con restricciones de zona y gran temporalidad, al centrarse en velar por las elecciones afganas del 20 de agosto. Canadá y Holanda se plantean abandonar la misión ISAF en el 2011, o al menos las zonas más conflictivas del país. La decisión de los demás miembros de la OTAN dependerá en gran medida de la percepción de sus ciudadanos sobre el conflicto y del apoyo consecuente que den a sus gobiernos. A lo que hay que añadir la evolución de la crisis económica, dado que sólo la misión ‘Libertad Duradera’ costó en el 2008 casi 10.000 millones de euros.

En paralelo, Rusia trata de reconstruir la zona de influencia soviética en Asia Central, expulsando a EE. UU. El Gobierno de Moscú ha mostrado su habilidad con el cierre de la base aérea de Manas, en Kirguistán, vital para el desarrollo de las operaciones afganas. El presidente kirguís, Bakiev, antiguo miembro de la KGB y muy cercano a Putin, ha creado, a cambio de una generosa ayuda rusa cifrada en 1.500 millones de euros, un enorme problema logístico para los estadounidenses y la OTAN. Problema que va a suponer tener que transportar por ferrocarril, a un ritmo de 30 trenes diarios, las mercancías desde el puerto de Riga, en Letonia, hasta territorio afgano, en un periplo de 4.200 kilómetros que atraviesa Rusia y Kazajistán. Con la vulnerabilidad añadida de dejar en manos rusas el control de los suministros, lo que permite a Moscú disponer de un resorte de presión ante posibles nuevas reivindicaciones de ingreso en la OTAN de Georgia y Ucrania, o los desafíos del escudo antimisiles sobre suelo europeo.

La siempre astuta China comienza a adelantarse a las circunstancias y consolida su posición en Pakistán. Consciente del avance del islamismo, ha negociado con el influyente partido islamista paquistaní Jammat-e-Islami las bases de unas posibles futuras relaciones entre los dos países, centradas en el mutuo respeto y la no injerencia en asuntos internos y con la contrapartida del apoyo de los islamistas a la unidad geográfica y nacional de China, en clara alusión a Taiwán, Tíbet y Xinjiang. Todo ello enmarcado en su geopolítica de cercar a India, su gran rival económico, militar y estratégico y al que considera parte activa en la crisis tibetana. A su vez, India intenta romper este cerco aproximándose a EE. UU., incrementado su presencia en Afganistán con la apertura de numerosos consulados y aumentando su presupuesto de Defensa en un 34,2 %.

Mientras, el Gobierno paquistaní es incapaz de hacer frente a la desequilibrada balanza de pagos y de imponer ley y orden ante la galopante violencia religiosa, política y étnica en su territorio. En medio de un creciente sentimiento antiamericano, va perdiendo autoridad en el norte y el oeste del país, habiendo incluso aceptado ya que en el valle de Swat, a 130 kilómetros de Islamabad, se haya impuesto la ley islámica. La complejidad del mapa se completa con un Irán que es acusado de dar cobijo en su territorio a campos de entrenamiento talibán y de facilitar armamento y explosivos a la insurgencia afgana, pero que hace causa común con Occidente frente al tráfico de drogas procedente de Afganistán, lo que ha costado ya la vida a 1.500 de sus guardias fronterizos. Teherán se está convirtiendo en una pieza clave para la OTAN, pudiendo llegar a abrir el paso a través de su territorio a suministros aliados camino de Afganistán desde el puerto de Char Bahar, en el Golfo de Omán. Eso supondría un ahorro importante para la Alianza, que sortearía además el acceso por suelo dominado por Moscú. A cambio, el Gobierno iraní exigiría una relajación de las sanciones económicas y una flexibilización de las posturas contrarias a su desarrollo nuclear civil.

Compartir:
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Technorati
  • Digg
  • Sphinn
  • del.icio.us
  • Mixx

Commentarios

¿Tiene algun comentario?





Bottom