Los vivos no dejan en paz a los que están en coma
22 febrero 2009
Llevamos un par de semanas con un atracón de noticias que nos muestran que los vivos no dejan en paz a los que están en coma. La noticia más reciente es la del médico Severino Antinori, famoso por sus estudios sobre la fecundación «in vitro» y la clonación, que se ha ofrecido a realizar la fecundación asistida de una mujer italiana que hace dos semanas solicitó ser inseminada con el esperma de su marido en coma.
Lo primero es el papel de Antinori en este nuevo embate de una ciencia enloquecida, que vaga sin conciencia y con la megalomanía propia de quien se cree que está por encima del mismo ser humano. Antinori saltó a la fama en el año 2001 al anunciar que estaba a punto de conseguir la primera clonación de un ser humano, es decir, Antinori considera al hombre un cenicero reproducible en cadena.
No le importa si con ello se pierde la bisexualidad propia del ser humano a la hora de la reproducción, o las consecuencias que tiene la clonación a la hora de redefinir lo que es paternidad, maternidad y consanguinidad. Ahora le ha tocado el turno de un paciente italiano en coma. Antinori le va a manipular, porque no existe otro término más preciso, para propiciarle una paternidad de la que el padre, curiosamente, no puede ser responsable. Se va a realizar mediante una nueva técnica desarrollada por el propio Antinori.
Igual que la fecundación in vitro nos descubrió que el embrión tiene vida propia fuera del vientre materno, es decir, que es independiente de su madre, que tiene vida propia, con el caso del enfermo italiano llegamos a la conclusión de que un paciente en coma tiene vida propia, es persona, incluso puede dar vida.
¿Por qué entonces la comunidad científica ha sido tan huidiza y no se ha atrevido a reconocer que Eluana Englaro era un ser humano al que se le privó de la vida por falta de alimento? Sin embargo a un paciente en coma no se le puede tratar como un mero productor de esperma, con ello se le privaría de su voluntad, de su libertad. La dignidad del paciente italiano en coma sigue intacta, aunque lo único que puede hacer sea respirar, como un bebé.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


Commentarios
¿Tiene algun comentario?