Simulación de la Navidad
21 diciembre 2008
Me enteré de la “enfermedad de Basedow” por una novela de Italo Svevo. Durante un período de tiempo, más o menos prolongado, una determinada idea protagoniza la actividad cerebral, monopoliza sus funciones, la atrofia por su protagonismo desmedido y convierte al sujeto en una piltrafa tiranizada y obsesa.
Svevo dice que lo mismo le ocurre a la sociedad en determinados períodos. Hay momentos en que la gente sigue al palo y la zanahoria de Darwin, o de Robespierre o de Napoleón, es decir, que vive de la omnipotencia de la ciencia como diosa protectora, o del mito de la revolución o del Imperialismo, se obtusa y ya no hay más en qué pensar.
El Basedow social de nuestros días es la simulación de la Navidad. Los abetos de nuestras aceras impiden ver el bosque mismo de la Navidad, y habría que ir hasta Belén para hallar la imagen de un portal en condiciones. Con este Basedow en la sesera, la tele ofrecerá estos días una programación de simulacro de fiesta y, encima, con un par de agujeros menos en el amarre del cinturón presupuestario. Se va a optar por aprovechar los programas de más éxito de las cadenas, y ponerles el debido precinto navideño, y con eso pasaremos una nueva Navidad.
El director de TVE, Javier Pons, en la presentación de la programación, ha dicho: “vamos a hacer los mismos programas del año pasado, sólo que con la mitad del presupuesto”. De ahí que vuelva a sacarse de la manga al incombustible Raphael, que ocupará la Nochebuena con una serpentina de duetos. Los Alcántara cerrarán año con el capítulo “Ha pasado un ángel”.
En Antena 3 pasaremos la Nochebuena con el Chikilicuatre y el Neng, con un programa de humor que nos planta ese Basedow social en el mismo título, “La Navidad mola”. Telecinco no se mueve ni un milímetro en cuanto a alguna apuesta sorpresa, sino que nos servirá más de lo mismo, un par de especiales de “Escenas de matrimonio” y de “Pasapalabra”.
Pues no es por barrer para casa, pero la verdad es que sólo Popular TV nos va a contar la Navidad a pelo y sin fintas. Las transmisiones desde Roma de los actos litúrgicos más importantes, la cuidadosa selección de películas, el directo desde la Plaza de Colón, en el Día de la Familia, de la celebración de la eucaristía, son una muestra de que cuando toca el verano, toca el chiringuito y la playa, y cuando toca la Navidad, toca el Misterio.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


Commentarios
¿Tiene algun comentario?