Este año de cena, mejillones
14 diciembre 2008
Los Gobiernos, los Gobiernos con crisis económica y, en particular, los Gobiernos socialistas sometidos a la presión de salir de la crisis económica, tienen la mala costumbre de guiar a los consumidores en sus compras y decidir por ellos. Así, limitan cualquier actuación del mercado y, mientras favorecen a unos pocos, perjudican a unos muchos.
Hace un año, cuando la crisis se intuía pero no se reconocía abiertamente, el presidente cambió el menú Navideño. La indicación era sencilla: el que tomara un buen cordero castellano o se atreviera con el pavo, que suena más americano, debía sustituirlo por conejo, muy español también, pero mucho más barato. La consecuencia: los productores de conejos estaban felices y esperaban ansiosos hacer una caja insospechada. Claro que los de pavos y corderos se tragaron la muerte, con sus animalitos preparados para la campaña navideña y el negro horizonte de que el común de los españoles hiciera caso a su presidente.
Este año el que manda es el mejillón. Eso ha dicho el FROM. Eso significa alegría en casa de los mejilloneros, pero tristeza para los que trajeron almejas. Tampoco los del conejo cenarán bien este año, no han tenido la suerte de ser incluidos en el lote de productos navideños aconsejado por el Gobierno.
Y no sólo en la comida se mete el Ejecutivo. El Ministerio de Consumo pide, en una campaña publicitaria en la que se habrá dejado un buen dinero, unas compras responsables, que no se abuse de la tarjeta de crédito y que no se gaste más de la cuenta. Es justo la idea que no hay que lanzar a los consumidores, que están tremendamente asustados porque ya se han dado cuenta de que la crisis es real y que además ven alimentados sus temores con las alarmantes admoniciones de organismos de la talla del Fondo Monetario Internacional. Si ya habían perdido toda confianza y no estaban dispuestos a gastar más que lo imprescindible, el Gobierno les invita ahora a gastar aún menos.
Claro está, los miles de comercios que esperaban ansiosos la llegada de la campaña de Navidad para intentar, in extremis, salvar sus pequeños negocios devastados por la crisis, se han echado las manos a la cabeza: este año, su cena será tan triste como la de los criadores de pavos, de conejos, y de corderos. Tendrán que pedir asilo en las casas de los de los mejillones, plato del año por decreto gubernamental.
María Solano


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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