Los peligros de una Depresión mundial
7 diciembre 2008
La crisis económica ha adquirido unas dimensiones de enorme magnitud que, en algunos puntos, exceden las previsiones publicadas desde hace un año. Varios de los baremos conocidos señalan el comienzo de una “Depresión”. Los índices bursátiles se han depreciado entre un 35 y 45% en los últimos doce meses. Se estima que las tasas de paro se habrán duplicado a finales de 2009.
El desplome financiero ha inducido a los gobiernos de Estados Unidos y de Europa a aprobar, en casi cuestión de horas, medidas de extrema urgencia. Las cifras de estos “planes de rescate” han ido aumentando, al poco tiempo, y sin suficiente consulta parlamentaria en la mayoría de los casos.
En conjunto, se prevén ayudas estatales que comprometen hasta el 60% el PIB de algunas naciones. En respuesta a una necesidad más o menos justificada, se han nacionalizado importantes entidades de crédito o seguro, como Northern Rock, Royal Bank of Scotland, Fanny Mae, Dexia o Freddie Mac
Según uno de los máximos directivos de una destacada compañía española, la energía va a ser más complicada de gestionar y más cara, con un precio del barril de petróleo a 80 dólares y con un estancamiento en fuentes alternativas, en especial la nuclear. Además, su evaluación de la recesión económica en España sobrepasa con mucho la cifra oficial, al señalar que el descenso de producción supera el 3%. Este directivo también reconoce que su compañía contaba desde el año pasado con la información precisa que le ha permitido entrar en este nuevo ciclo con buen pie.
Santiago Niño Becerra, catedrático de Estructura Económica de la Universidad Ramón Llull, opina que estamos en la “precrisis”. Según él, a partir de 2010 comenzará una depresión intensa que se prolongará dos años, seguida de cierta estabilidad y un lento proceso de recuperación (La Vanguardia, 3 de octubre). Más moderado se muestra el presidente y consejero delegado de General Electric, Jeffrey R. Immelt. Durante una conferencia en la sede del IESE en Madrid (29 de octubre) Immelt ha asegurado que la crisis podrá superarse, a pesar de que “en 2010 nadie estará en la misma situación que a finales de 2006 ó 2007”.
Otros analistas confían en que el entorno BRIC (Brasil, Rusia, India, China) continúe a velocidad de crucero su desarrollo. Sin embargo, los “emergentes” dependen de sus exportaciones a los países ricos, por lo que no resulta descabellado esperar problemas en este grupo. Para empezar, China ha iniciado la mayor inyección monetaria de su historia –586.000 millones de euros– con intención de mantener su economía nacional.
Al igual que ahora, el “crash” de 1929 vino precedido por una década de progreso basada, en parte, en un cambio tecnológico de gran calado. La industria había dejado de usar carbón, para consumir petróleo. La producción industrial había crecido de una manera desorbitada, y gracias a los tractores –que sustituyeron a mulos y bueyes– se había plantado y recolectado mucho más cereal. Sin embargo, los salarios de los trabajadores crecieron poco durante los años 20 del siglo pasado. Con todo, los dueños de las empresas pidieron créditos para fabricar más. Así, en 1929 sobraban productos, y la gente no tenía dinero para comprarlos. Las grandes compañías debían millones de dólares. Y la crisis empezó por la caída de las inversiones inmobiliarias.

Un esquema parecido se repite hoy, aunque con algunas características diferenciadas, en especial el exceso de hipotecas y créditos rápidos para rentas medias, insolventes o con escaso margen de ahorro. Este es un tipo de familia que ha suscrito hipotecas “subprime” –alentadas por el Gobierno federal de EEUU desde los años 80– o que, sin más, ha querido vivir por encima de sus posibilidades.
A pesar de la rotundidad de estos datos, conviene inspeccionar también la actitud de los principales gobiernos. En Europa, y en el círculo de Barack Obama, aflora un tipo de discurso que propugna el intervencionismo de los estados, en detrimento de la libertad de mercado –y las libertades civiles en general–, a la que se pretende achacar la culpa de la crisis. Lehman Brothers, AIG o Fortis sirven como excusa perfecta. En enero de este año, se conoció que un solo empleado había defraudado 4.900 millones de euros a Société Générale.
En realidad, estos abusos contradicen todo lo que se enseña en cualquier facultad de Económicas o escuela de negocios. Sobre todo lo referente a cómo debe hacerse un balance, o la importancia de manejar con prudencia el apalancamiento y el margen de maniobra. Las citas de pensadores como Santo Tomás de Aquino, Aristóteles, Cicerón, Baltasar Gracián o Lao-Tse son cada vez más frecuentes en los libros sobre gestión estratégica de empresas. Precisamente el desprecio a estos criterios ha desembocado en las dinámicas que han provocado la crisis: especulación y endeudamiento excesivos.
Se podría hablar de un fallo de todos los actores económicos: consumidores, trabajadores, empresarios, bancos, gobiernos. En demasiadas ocasiones no se han aplicado las normas técnicas y éticas que permiten la mutua confianza, base de todo funcionamiento social. Aunque resultan necesarias algunas mejoras legales, y sobre todo más virtudes –como la austeridad y la prudencia, el respeto a los principios contables, y la gestión cabal–, existe el riesgo de que se implanten leyes que refuercen las prerrogativas e incluso la discrecionalidad de los estados.
Algo que ya sucedió durante la “Gran Depresión” posterior a los “felices 20” del siglo pasado, y en las dos orillas del Atlántico. Autores como Pedro Schwartz o Gonzalo Redondo sostienen que el “new deal” de F. D. Roosevelt, a la postre, sólo favoreció al Gobierno federal de EEUU –incrementó notablemente sus competencias– y a las compañías de mayor peso. Por su parte, el Gobierno español –según informa El Confidencial Digital– ya ha transmitido consignas a los editores de prensa, a fin de que no publiquen noticias negativas sobre la economía.
José María Sánchez Galera


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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