Victoria del sentido común
30 noviembre 2008
A veces nos ponemos muy pesados con la audiencia, y pecamos de frívolos cuando decimos que el espectador es un tarambana, que se come lo que le echan, como un lebrel adiestrado. No es verdad.
Lo que menos me ha importado de las entrevistas a Julián Muñoz y a Roldán, es lo que se refiere al dinero. Parece ser que el ex director general de la Guardia Civil, alcanzó con Telecinco un acuerdo por 50.000 euros. No está nada mal. Eran dos las entrevistas pactadas. Con Julián Muñoz, Telecinco enloqueció: 350.000 euros por dos apariciones en plató.
Aunque parezca asunto de envergadura, y que magistrados y periodistas han soltado sus sabuesos para adivinar quién pagó las exclusivas, la noticia está en la arena del espectador. Las cuotas de pantalla han sido bajísimas, 15% el share de Roldán, y 11,5% el de la primera acometida del exalcalde de Marbella. Para entendernos, unos datos de tan poquitas luces para un programa en prime-time, merecerían el cerrojazo inmediato de cualquier espacio en ocasión de estreno.
Ahora, los directivos de las cadenas se dejarán de dispendios tan mal calculados en tiempos de crisis. Puede ser un punto de inflexión en cuanto a exclusivas de gente de poco lustre moral. Ese desinterés olímpico merece un monumento o, cuando menos, el homenaje del subrayado.
De todas maneras, no nos pongamos estupendos y pensemos que el espectador se transmutó en ávido lector de las poesías completas de Sylvia Plath, se fue por otros derroteros, y eso ya es una victoria clamorosa del sentido común.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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