Un millón de cuervos en el tendido eléctrico de Rivas Vaciamadrid
30 noviembre 2008
Si lo estás pasando mal porque tu marido ha fallecido, o sencillamente te operaron de hernia inguinal y te han mandado un reposo injusto, o aún más sencillamente te has levantado sin entender por qué los árboles de hoja perenne se resisten a perder su belleza y tienen siempre la dignidad del equilibrio, mientras tú estás con ganas de tirarlo todo por la ventana, no se te ocurra llamar a la Asesoría para una Muerte Digna del Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid, porque te van a poner más gris en el lienzo.
El artículo 28.2 del Código de Ética y Deontología Médica de la Organización Médica Colegial del Estado, explica claramente que «en caso de enfermedad incurable y terminal, el médico debe limitarse a aliviar los dolores físicos y morales del paciente, manteniendo en todo lo posible la calidad de una vida que se agota y evitando emprender o continuar acciones terapéuticas sin esperanza, inútiles u obstinadas. Asistirá al enfermo hasta el final, con el respeto que merece la dignidad del hombre».
El médico tiene esa encomiable función de propiciar la asistencia paliativa, y no la de enfundarse un capuchón negro, como el de aquellos que cortaban las cabezas a los ajusticiados en la Torre de Londres. El Consistorio de Rivas se rinde ante la asociación “Derecho a Morir Dignamente” de Madrid, con la que ya ha firmado un convenio.
Ahora se entiende perfectamente la precipitación del ministro de Defensa, Mariano Fernández Bermejo, a la hora de interrumpir sus vacaciones este verano para reunirse con los miembros de esta asociación y así “intentar acelerar” el debate sobre la eutanasia.
Particularmente, los criterios político-ideológicos no me interesan, porque están teñidos de futilidad. Así lo decía la hija de Lope de Vega, que las cosas de este mundo en cuento empiezan, terminan. Los gobiernos van cediéndose el testigo invariablemente. Lenin y Stalin fueron encumbrados como héroes, y ahora del comunismo sólo quedan reliquias negras. La elección de Obama ha sido acogida entre lágrimas por los norteamericanos pero también su tiempo pasará, con o sin gloria, pero pasará.
Sin embargo, tocar el nervio inmutable del hombre, su derecho a morir con verdadera dignidad, alentándole en sus temores y paliando el curso natural de su tránsito por este mundo, es asunto a preservar.
Cuidado con Rivas, que hasta allí ha emigrado un millón de cuervos y se han posado en el tendido eléctrico del municipio, como en Los pájaros de Hitchcock.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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