Dos problemas graves en Méjico: corrupción y alcoholismo
30 noviembre 2008
El Gobierno mejicano reconoció el viernes pasado que no ha logrado avances significativos para combatir la ola de violencia y crimen que azota al país, en gran medida por la corrupción que envuelve a la policía. De acuerdo con un informe de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), los asesinatos aumentaron un 10 por ciento entre enero y octubre frente al mismo lapso del 2007 y los delitos en general se incrementaron un 8.6 por ciento.
El secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, dijo que las autoridades cumplieron varios de los puntos a los que se comprometieron en agosto para frenar la inseguridad, pero que la delincuencia aún está fuera de control.
“No podemos hablar de ningún avance cuando la mayoría de los mexicanos no transita con tranquilidad en las calles”, dijo Gómez Mont en una reunión del Consejo de Seguridad Nacional -que agrupa a autoridades de seguridad y de salud del país- con el presidente Felipe Calderón y los gobernadores estatales.
“No debemos destacar logros hasta que México no cuente con policías y ministerios públicos de probada honestidad”, acotó.
Encuesta nacional sobre alcoholismo
Según datos aparecidos la última semana de octubre de una encuesta nacional sobre el alcoholismo entre jóvenes y niños, manifiesta un incremento de este fenómeno y se señala que, en la actualidad, hasta niños de primaria son ya consumidores de bebidas embriagantes; un promedio de ocho de cada cien niños de primaria las consumen, mientras que en secundaria se eleva a un veintiséis y en preparatoria a más del cincuenta por ciento.
Las causas de este fenómeno son sin duda variadas. Las hay de tipo genético, pues es muy probable que padres alcohólicos engendren hijos con esa misma tendencia; por otro lado, el ambiente ofrece pocas oportunidades a los jóvenes de pasar el tiempo libre de una manera sana, sufren además una propaganda permanente que invita al consumo de licor aunada a la gran facilidad para su distribución y para su venta. Y por si todo eso fuera poco, hay que añadir la desintegración familiar.
El alcoholismo es una enfermedad que daña no sólo la salud física, sino la misma capacidad de decisión y de acción de las personas al desubicarlas de su realidad. Es una enfermedad que afecta la mente y la voluntad y, en consecuencia, también las relaciones humanas. Son innumerables los accidentes y los delitos en los que el alcohol está de por medio; muchos casos de desintegración y de violencia intrafamiliar están marcados por el consumo del alcohol, la ausencia laboral y el daño económico a la familia y a la sociedad son cada vez mayores. En algunos casos, la incapacidad de superación y de solucionar los problemas y limitaciones económicas tiene aliento alcohólico.
Ante este problema grave de salud pública que afecta a la familia en general y ahora cada vez más a los jóvenes y niños en particular, generando graves daños sociales, no podemos quedar indiferentes. Todos somos responsables del futuro de los niños y jóvenes; a todos nos toca dar ejemplo de responsabilidad ante el consumo del alcohol.
La familia tiene un papel muy importante en la prevención y atención de los niños y jóvenes. ¿Cuál es el ambiente que se vive al interior de la familia? ¿Cuál es el ejemplo de los padres? ¿Con quién y en qué ocupan el tiempo libre los niños y jóvenes? ¿Quiénes son los amigos de sus hijos? ¿Qué diálogo se da en familia ante estos problemas? La autoridad por su parte, además de promover diversas oportunidades de aprovechar mejor el tiempo libre, lo mínimo que urge hacer será asegurar que no se facilite el consumo, impidiendo la venta a menores de edad y vigilando que se cumplan realmente las disposiciones que deben existir para el caso. Descuidar esta responsabilidad, se convierte en otra forma de corrupción.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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