“Cómo sobrevivir intelectualmente al siglo XXI”, Leonardo Castellani
30 noviembre 2008
El libro que proponemos es un extracto de artículos que Juan Manuel de Prada ha seleccionado para que el público español sepa quién fue uno de los magos de las letras en español, Leonardo Castellani. De Prada lo compara con Chesterton por su belleza literaria y su honda definición del ser humano. Sería del todo inconveniente presentar su perfil con un barrunto de análisis, lo mejor es acudir a un hecho histórico que lo define como un hombre de inamovible integridad.
En 1976 fue invitado por Jorge Rafael Videla a almorzar junto a Ernesto Sábato y Jorge Luis Borges, en la Casa Rosada. Durante aquella comida no tuvo empacho en pedir clemencia por los represaliados políticos y en reclamar la liberación del escritor Haroldo Conti, mientras los otros comensales callaban. A la salida los escritores de renombre se pusieron golosos con la prensa y dijeron maravillas del dictador. Castellani se zafó de la prensa y se largó.
Castellani escribe muy bien, tan bien que el lector se sorprende de que se pueda hacer de forma tan sencilla. Es claro y franco, no le sobrevienen las intermitencias de la vanidad, que hubieran hecho ampuloso su estilo. Pero lleva una tristeza que disimula con dificultad, en eso no se parece a Chesterton. Conservo en mi moleskine una fotografía del inglés con su mujer durante una fiesta de disfraces, los dos visten traje de época, y sus ojos mantienen una perfecta seriedad, algo insólito e hilarante. A Castellani me lo imagino en el salón de su casa, en el silencio de su biblioteca, pero nunca habría estado en una fiesta de disfraces.P
En todo lo que afecta o roza ligeramente al ser humano, Castellani es exigente. Aunque suelte su verbo con un látigo, el lector se arrellana bien en su cabalgadura. Es el sentido común quien lo dirige. No se deja un solo asunto sin mostrar, en este punto De Prada ha sido exhaustivo en su selección para que el lector español se haga una idea general de cómo Castellani se cuela en política, literatura, filosofía, educación, etc.
Me encanta la suerte de banderillas que usa Castellani para hacer inolvidable un concepto. Por ejemplo, define al filósofo como aquel que profesa solemnemente el principio metafísico de que “no hay cría sin madre, y cuyo oficio en este mundo es el de buscar a la madre de todos los corderos”. Es un concepto perfecto en sí mismo.
Dice que hay dos aberraciones del sentimiento o instinto religioso: la superstición y el fariseísmo. Y que la verdadera fe cristiana se asienta sobre los siete arbotantes de las bienaventuranzas, “el esqueleto férreo sin el cual el cristianismo se vuelve gelatinoso, una especie de molusco, de esos que como las ostras y los pulpos, pueden tomar todas las formas que quieran”.
Castellani define la libertad sin ligereza. La libertad no significa para él una acumulación de opciones de huida o despegue, sino una sucesión de vínculos. “La verdadera libertad es un estado de obediencia. El hombre se libera de la corrupció de la carne obedeciendo a la razón, se liberta de la materia sujetándose al perfil diamantino de una forma. Donde el loco, el esclavo, el preso y el plebeyo dicen “libertad”, el noble dice: honor, belleza, amor y sabiduría”.
Castellani siempre es así. A H.G. Wells y a Ramón Pérez de Ayala les saca los ojos con una disciplina sobria, y acumula críticas contra la tomadura de pelo de los desgobiernos, ya sean de índole tirana o anárquica. “La aguja pasa y queda el hilo. Lo político pasa y queda lo moral. Pero si la aguja no tiene hilo, pasa y no queda nada. Claro que no se puede coser sin aguja; pero mucho menos se puede coser sin hilo”.
Castellani crea adicción, en serio.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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