Al filo del Adviento
23 noviembre 2008
Se acaba Noviembre, mes del recuerdo para nuestros muertos. Noviembre que tan benigno ha sido este año, aunque los fríos tempranos trajeron las grullas a Gallocanta desde finales de octubre.
Flores para el recuerdo de quienes quisimos, a quienes queremos todavía. “In God’s own time we shall meet again”, lo leí en una lápida de un cementerio inglés, me gustó.
El pasado domingo en Misa leímos lo de la mujer hacendosa, siempre me ha encantado lo de que va a buscar el lino y tejerlo, me recuerda a tantas mujeres que conozco. Las llamo mujeres ratón, esas que sin mucho ruido y como ratoncillos juntan hilitos, hacen nido, evitan el cepo.
No son gran cosa quizás las mujeres ratón, ojitos pardos, pelito sedoso, pero hay que pedir a Dios que nos las ponga cerca. Se meten por las rendijas de la casa y del corazón y ahí se instalan, se cuelan en la caja del corn flakes, corren de un sitio para otro. No tienen nada muy claro, pero ahí están, haciendo vida.
También se leyó la parábola de los talentos. Qué curioso cómo podemos interpretar ese texto a veces tan difícil: ¿el señor ese que exige que produzcas? A ver si Dios cree que somos un fondo de alta rentabilidad.
Y no, con no enterrar la monedita del dolor y de nuestras limitaciones que también son talentos y de los buenos bastaría. Todo es Gracia, todo es talento. Especialmente los que no vemos o no los consideramos quizás esos son los verdaderos talentos, se me ocurre.
Noche de una claridad impresionante este 18 de noviembre en El Boalo, muge una vaca a lo lejos, mi perra ladra, sopla el viento pero sin frío. En cuatro días entramos en el Adviento, tiempo grande y precioso, espero con ganas la Misa de este domingo en Cerceda.
En paralelo al Adviento se despliega todo el aparato de venta navideña. A todos nos horroriza el consumismo y sin querer caemos. ¿Cómo evitarlo? Algunos lo tienen fácil: la crisis está aquí y no se llega a fin de mes. Bueno sería pensar en quienes tienen poco o nada o pasan apuros, son muchos. Quizás antes que el no comprar por no comprar, nos ayude más el compartir o dar exactamente lo mismo que vamos a gastar, intentar darlo a quien más lo necesita, en moneda real o en otro tipo de moneda, de tiempo, dedicación.
Esta mañana descubrí una colonia de rabilargos, ayer un colirrojo tizón se posó en la verja delante de mi ventana, me acuerdo del milagro de San Antonio cantado por Joaquín Díaz o el Nuevo Mester de Juglaria.
Soy ya muy mayor, lo sé. Y me gusta. A Dios también le gusta que nos hagamos mayores, nos tiene ya más cerca. Como nosotros a El en cierto modo al llegar el Adviento. Ven Señor, no tardes, ven que te esperamos.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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