¿Vida o producto?
9 noviembre 2008
Últimamente han arreciado las críticas contra la Iglesia española por, como decía la “información” de algún diario madrileño , haber sido “la única” en oponerse al “avance médico que permitirá a un bebé recién nacido en Sevilla donar su cordón umbilical y ayudar a curar a un hermano de una grave enfermedad”. El sesgo es evidente. La Iglesia aparece como bastión del más rancio “oscurantismo” que se opone a un “avance” que podría salvar la vida de un niño.
¿Pero es todo tan sencillo?. El motivo de oposición de la Iglesia es que estamos ante una “práctica eugenésica” que representa eliminar los embriones que “no sirven” ( y que, obviamente, son seres vivos independientes, personas, no desde ninguna idea religiosa, sino desde el más estricto criterio biológico)
El que sea supuestamente “la única” no hace más que realzar el valor de lo que hace. Quiera o no reconocerse, Occidente es hoy como Troya ante el asedio de los aqueos. Y la Iglesia advierte contra algunos muy preocupantes “caballos de Troya” de apariencia “benefactora”. La pata del lobo ,bien enharinada, que asoma bajo la puerta.
Por supuesto que todos queremos salvar a ése niño y a todos los niños, pero lo que aquí se está intentando colar es un lobo, el de la eugenesia, con piel de oveja (salvar a un niño). Hoy será para salvar a un hermano y mañana será para producir cualquier otra “mejora” (pudiendo llegarse incluso a los meros caprichos). Y con ello el riesgo de que se pierda el respeto a lo que somos las personas ,convirtiéndonos cada vez más en un “producto” se incrementa. No importan los “avances” –especialmente si son contra-natura- sino a donde nos llevan (no sea que nos lleven a un abismo).


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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