En Iberoamérica es fácil para las multinacionales evadir impuestos
26 octubre 2008
La semana pasada, la BBC emitió un reportaje sobre la evasión que las empresas multinacionales realizan en América Latina y el Caribe. Cuantificó en 50.000 millones de dólares el monto que estas compañías dejan de tributar cada año en las naciones ubicadas al sur del río Bravo. La misma fuente señala que esta conducta penalmente punible “limita seriamente el desarrollo de esos países”.
La cifra de la evasión: 160.000 millones de dólares. Una cantidad cuatro veces superior a los 40.000 millones de dólares que el Banco Mundial estima que se precisan para financiar los ocho objetivos de Desarrollo del Milenio de la Organización de las Naciones Unidas.
El director de Christian Aid, Daleep Mukrji, sostenía en el reportaje que las muertes de “5.600.000 niños en todo el mundo podrían evitarse entre los años 2000 y 2015 si el pago de impuestos de estas compañías fuese un hecho”. Los ejemplos: British Petroleum, Wal-Mart, Royal Dutch Shell y ExxonMobil , son blanco de acusaciones de esta asociación cristiana.
¿Qué hacer? Aquí es donde resurge el concepto de seguridad jurídica. El discurso que enuncia el bloque hegemónico sería algo así como: “no debe sancionarse a las empresas por la evasión impositiva, porque este tipo de acciones atenta contra la seguridad jurídica”. Luego, todo lo que mencionamos antes: sin seguridad jurídica no vienen las inversiones de largo plazo, no hay inversión, no hay crecimiento sostenido, mayor atraso y pobreza.
De existir auténtica seguridad jurídica, esas empresas habrían sido denunciadas penalmente y sus directivos deberían responder ante la Justicia por violar las leyes tributarias. Y los Estados dispondrían de esa enorme suma de dinero para cumplir con sus deberes. Pero las empresas, los medios y sus adláteres solo claman cuando se le exige a las empresas que cumplan con sus obligaciones legales.
En estas condiciones, no sólo se torna necesario poner en evidencia estas cuestiones y señalar a los culpables, sino también tratar de leer correctamente cómo se construyen los discursos en la eterna lucha por el poder. Porque si tanto se pregona que debe respetarse la seguridad jurídica, las empresas mediáticas y sus portavoces deberían poner el grito en el cielo para que estas compañías sean juzgadas y condenadas por alta evasión impositiva.
Si no es así, entonces no se están discutiendo principios sino intereses.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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