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“Camino”, hablan el Opus Dei y el padre de Alexia

26 octubre 2008

La oficina de prensa del Opus Dei ha sacado a la luz una nota a propósito del estreno de “Camino”.

Ante las preguntas de algunos medios de comunicación que solicitan una valoración de la película “Camino”, me remito a los conceptos ya expresados el pasado 27 de septiembre con ocasión del Festival de Cine San Sebastián.
 
Como ya he dicho, no estamos ante una visión objetiva, sino ante una mirada teñida de un prejuicio negativo que termina ofreciendo un cuadro falso y distorsionado del Opus Dei.

Miles de personas de nuestro país conocen de primera mano la vida cotidiana de las mujeres y los hombres del Opus Dei, y otras muchas participan en las múltiples iniciativas médicas, educativas o de solidaridad de cuya atención espiritual se encarga la Prelatura del Opus Dei. Ellos sentirán que la película deforma temas esenciales como los sentimientos, actitudes e intenciones que mueven a las personas que forman parte de esta realidad de la Iglesia.

La verdadera vida de Alexia González Barros –que ha inspirado esta película y a cuyo recuerdo aparece dedicada– se puede conocer en la pagina web www.alexiagb.org. La Iglesia Católica ha iniciado el estudio de su Causa de Canonización. Comparto el dolor de esta familia ante esa utilización de la vida de su hermana.

Ante una ficción que falsifica la realidad mi respuesta es reiterar que las puertas del Opus Dei están abiertas para quienes deseen conocer de forma directa esta institución de la Iglesia Católica; la oficina de información www.opusdei.es está a disposición de los periodistas

Manuel Garrido, Oficina de información del Opus Dei
Madrid, 14 de Octubre de 2008

El 30 de diciembre de 2001 falleció Francisco González-Barros Aibardonedo, padre de Alexia, a consecuencia de un proceso canceroso. Este es un extracto del extenso testimonio que dejó sobre su hija Alexia.

El nacimiento de Alexia fue esperado con gran alegría e ilusión ya que habían transcurrido siete años desde el nacimiento de su hermano Javier, fallecido a los tres meses de edad.

Nos importaba mucho su formación humana e intelectual, para que sin uniformidad y según el carácter de cada uno, pudieran ejercer la libertad personal y ejercitarla con plena responsabilidad. Estos propósitos nuestros, con sus limitaciones y equivocaciones se enmarcaban en el cumplimiento de la voluntad de Dios, pues esa era la razón y el fin de nuestras propias vidas que queríamos transmitir a nuestros hijos. En ese hogar, en ese ambiente familiar nació Alexia.

Lógicamente, fue muy querida, pero se le exigió mucho; por eso no fue nunca una niña caprichosa o consentida. “Realmente, me habéis breado”, nos decía con buen humor cuando era mayorcita. Tuvo siempre muy buen carácter. Alegre, sin ser ruidosa y, a medida que fue creciendo, se puso de manifiesto su buen criterio y adquirió enseguida una personalidad muy firme y decidida. Ni con ella ni con sus hermanos los padres hemos tomado determinación alguna que pudiera afectarles sin que les fuese previamente razonada, con ello tratábamos de que fueran adquiriendo criterio. Así Alexia lo adquirió con cierta rapidez y sabía ponerlo de manifiesto cuando llegaba el momento de tomar alguna decisión sobre cualquier tema familiar.

La recuerdo de pequeña acercándose a los demás para decirnos: “Yo también opino”. Y normalmente opinaba con acierto. Era muy agradecida, incluso ante el más pequeño detalle demostraba agradecimiento; y lo hacía rezando de forma individual y concreta por quien le hubiera hecho el más pequeño favor. Inició sus estudios a los cuatro años en el colegio “Jesús Maestro” de la Compañía de Santa Teresa de Jesús.  “¿Se darán cuenta las niñas de lo felices que son cuando van al colegio?”, decía. Más tarde, ya en la Clínica Universitaria de Navarra, lo repitió cuando contemplaba el ir y venir de los estudiantes de la Universidad que ella divisaba desde su habitación.

Participaba con gran entusiasmo en cualquier actividad del colegio: campaña de Navidad, del Domund, etc., y hacía participar también a toda la familia. Asimismo sabia estar presente en cualquier acontecimiento en donde entendía que debía estar dando testimonio de su fe: por ejemplo, en manifestaciones en contra del aborto, a favor de la libertad de enseñanza, etc.

Era muy amiga de sus amigas, con un grande y profundo sentido de la amistad, sentimiento que para ella representaba mucho, y así lo dejó dicho en la carta que me dictó diez días antes de su muerte. Durante su enfermedad, Alexia no perdió nunca la paz ni la alegría. Su fe en Dios la llevaba a abandonarse en los brazos del Padre que la llenaba de una fortaleza inexplicable.

Así cuando la vi en la primera clínica a las pocas horas de quedar ingresada de urgencia, y sabiendo ella que lo que tenía era muy grave, me recibió tranquila quitándole importancia al hecho de estar hospitalizada, diciéndome que iban a hacerle solamente unas pruebas, mientras, sonriendo, me apretaba la mano. Lo sucedido a partir de entonces es bien conocido a través de las biografías que se han escrito, y que son totalmente fieles a la realidad.

Alexia creía en la eficacia de la oración, rezaba con toda su alma. Tuvo desde siempre una vida de piedad muy intensa: hemos ido a Misa juntos muchas veces y soy testigo, por lo tanto, de su recogimiento, de su atención, de esa cualidad suya de “meterse para dentro” como ella decía.

Durante su enfermedad comulgó a diario y hacía habitualmente la visita al Santísimo, La llevábamos en su silla de ruedas a la capilla y allí, muy cerca del sagrario, permanecía con la mirada fija con tal atención que a menudo teníamos que recordarle que había que regresar a la habitación.

Por sus actitudes, comprendía que Alexia estaba muy cerca de Dios, que hablaba al Señor como a un amigo: con confianza. Ella lo ofreció todo, absolutamente todo, sabía que el tesoro que tenía en las manos, tenía que administrarlo bien, con mucho amor, con renuncia total:

-“Jesús, yo quiero ponerme buena, quiero curarme, pero si Tú no quieres, yo quiero lo que Tú quieras”.

Esta oración que ya su madre le había oído pronunciar la víspera de la segunda operación, también yo se la oí en cierta ocasión al terminar de rezar el rosario, que ella condujo. Tengo muy grabado el recuerdo del movimiento de sus labios según iba pronunciando aquellas palabras. Le gustaba recitar las máximas de Santa Teresa cuya vida conocía perfectamente, no en vano su colegio pertenecía a una orden teresiana. “Sólo Dios basta”, repetía muchas veces a lo largo de su enfermedad.

Poco después de la segunda operación me preguntó un día: “Papá, ¿me voy a morir?”. Hizo la pregunta con aquella naturalidad tan suya, sin notarse en ella la menor preocupación; sencillamente preguntaba. Le contesté que todo el problema derivaba de no haberse detectado en la primara operación un quiste en l aparte posterior del cuello que oprimía la médula y por tanto, una vez desaparecido, volvería a la normalidad.

Aceptó la respuesta y cambió de conversación. Creo que fue la única ocasión en que a mí me habló de muerte. Nunca se rebeló y mantuvo su alegría y su paz cada día. Fue ella y no la familia quien hizo que todas aquellas cosas tan difíciles se transformasen en normales. Fue ella quien “tiró” de nosotros y nos llevó a su paso, en tanto que ella andaba al paso de Dios.

Aceptó desde el primer momento la enfermedad que la dejó paralítica. Por eso pudo decirle a Sor Patro —una monja que coincidió con Alexia en la UCI de la Clínica Universitaria de Navarra, haciendo prácticas de enfermería—:

-“No, sor Patro, sencillamente es que Dios me ayuda”, contestando asi a su “Alexia, ¡qué valiente eres!”.

Alexia supo que se moría. Tengo la seguridad de que lo intuyó más rápidamente de lo que nosotros mismos pudimos suponer, cuando todavía ni los médicos ni nosotros lo sabíamos con certeza. Había llegado a la recta final, ahora sí, a la recta final: “… sé que estoy en la recta final”, me dictó aquel día’ para sus compañeras de Colegio, y así se lo dijo a su hermano: “Fran, ahora tienes que ayudarme mucho. Todos tenéis que ayudarme mucho…”.

Se confesó, recibió los Sacramentos de la Confirmación y Extremaunción, y por última vez a Jesús ‘ en la Eucaristía. Una vez más, juntos, unidos, padres y hermanos la rodeamos de todo el cariño que el corazón humano puede expresar, aceptando como siempre la voluntad de Dios.

Alexia decía que estaba “contenta porque me voy al Cielo”, “en donde me están esperando”, tranquila, serena, totalmente lúcida, con una paz infinita.

Francisco González-Barros Aibardonedo

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Commentarios

4 Responses to ““Camino”, hablan el Opus Dei y el padre de Alexia”

  1. fesser2 on octubre 27th, 2008 9:51

    Ya se ve que, después del fracaso en taquilla (la 7ª película de la semana pasada, y eso que no había muchas más), a Fesser le interesa crear polémica antes del fin de semana.

    Cometí el error de ir a ver Camino, lo cual sólo me hizo pasar un mal rato con una película larga, lenta y sangrienta. Estoy de acuerdo con los críticos: el tema se aborda lentamente y la película resulta como una patada en el estómago. Tuve que irme al cabo de dos horas de película… y todavía le quedaba lo peor, según me han contado.

    La película ya está en la red para descargar. Os recomiendo que os la bajéis y gastéis ese dinero en unas buenas copas, en lugar de pasar un mal rato en el cine.

  2. Mario on noviembre 3rd, 2008 0:00

    Salta a la vista para cualquiera que tenga dos dedos de frente y alguna luz, aunque sea intermitente, que la película no puede retratar hechos reales de forma fiel. Aún así, si se diera el caso de que el espectador no gozase de semejantes capacidades, siempre puede leer las palabras del director que no se cansa de recordarnos que esta película está INSPIRADA en varios casos distintos (no sólo el de Alexia) y no es de ninguna manera una biografía de esa niña, aunque se comprende que el retrato que se hace del Opus Dei -nada alejado de la realidad, y hablo por casos reales que conozco- haya levantado ampollas entre sus dirigentes. No ha de ser grato para ellos que se recuerde a la sociedad los métodos de esta SECTA tan conocida como consentida.

    Entiendo también que a alguno le resulte larga la película, que dura algo más de dos horas. Seguramente el autor del comentario anterior hubiese preferido llegar al cine y despachar la historia en 90 cómodos minutos y poder llegar al final sin acabarse antes las palomitas. Sin embargo me parece evidente que conseguir la inmersión del espectador en el mundo de Camino para comprender su alegría y su tristeza requiere un poco más de tiempo que un partido de fútbol.

    Una película triste como pocas, pero a su vez una oda a la alegría de vivir. Desde luego se la recomiendo a todo el mundo. O al menos a quienes sean capaces de dejarse llevar por las emociones que desprende esta historia sin preocuparse por mirar al reloj y marcharse para despotricar sin haber visto siquiera el final.

  3. andrea on marzo 2nd, 2009 13:37

    me parece terrible que todavía exista gente tan ignorante en el mundo, pues como he leido por ahí hay quien dice que la película esta muy lejos de la realidad ¿¿?? Sinceramente, la realidad de la vida de Alexia no sé, pues no conozco con precisión los hechos reales pero pienso que la película se queda corta en su crítica al opus dei y eso si lo afirmo por experiencia. No sé como hoy en día puede haber gente que no vea esto. Son una verdadera secta que absorve el cerebro a las personas y las manejan a su antojo.
    me parece que opinar sobre la película sin ni siquiera haberla terminado de ver no es muy oportuno. Yo si la he visto entera, admito que es un poco larga pero no se me hizo pesada y creo que trata el tema con mucho respeto y con muchisima sensibilidad. Por cierto Nerea Camacho es espectacular.

  4. Jose Antonio España on julio 15th, 2009 0:31

    En alguno de los comentarios anteriores se afirma ¡con un par! que el Opus Dei es una secta, Me pregunto cual será el grado de información (y el de buena fé) que tienen, quienes, sin rubor, hacen gratuitamente semejante afirmación. El Opus Dei, no solo NO ES UNA SECTA sino que, como otros tantos, es un movimiento de nuestra madre Iglesia, valiosísimo, y que goza de la estima y confianza del Vaticano. ¿Conocen los ínclitos comentaristas -razón de mi propio comentario- algún pormenor siquiera de las obras apostólicas en las que, por amor a Dios, se afana el Opus Dei?
    Como toda obra humana es naturalmente perfectible. Incluso muy probabemente alguno de sus miembros no esté a la altura de las circunstancias. De cualquier manera de los ambientes cristianos que cultivan hombres y mujeres de la Obra, de esos hogares, no es difícil que broten vidas ejemplares y asobrosas como la de la niña Alexia.
    No soy lego en la materia y por tanto sé de que hablo puesto que durantes más de quince años fuí supernumerario del Opus Dei, organización que no solo respeto sino que además admiro.
    ¿La película? Una aproximación a la corta vida de Alexia, futura Santa, aunque rodeada de contenidos irreales y tendenciosos. Considero que el film, lejos de intentar dar a conocer la virtud de Alexia (sobran películas) está pensada para arremeter contra el Opus Dei. Y, de verdad, no hay por qué. Saludos.

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