A favor de los tatuajes
6 Octubre 2008
Soy un incondicional de los tatuajes, pero de los tatuajes incondicionales. Acabo de ver un programa de televisión que sólo Internet ofrece (se llama Bio Plus), a propósito de celebridades y tatuajes. Más que incondicional es que creo en el significado del tatuaje. El tatuaje ha tenido siempre un sentido trascendente, porque reflejaba una adhesión, una apuesta por algo irrevocable, en ese enganche indeleble en la piel. Cuando estuve hace un par de años en un bazar de El Cairo, hablé con un vendedor de cestas sobre su cultura, su procedencia. Con una sonrisa, se descubrió la muñeca de su mano derecha y me enseñó una pequeña cruz negra, tatuada en el mismo quicio donde comenzaba la mano: “soy copto, los coptos somos cristianos, ¿lo ve?”.
Lo que pasa es que el desfile de celebridades que vi en el programa, no me parecía que mostraran en su piel una apuesta, sino un accesorio. Dice Fernando R. de la Flor que las marcas en el cuerpo han logrado zafarse de toda referencia, y entrar en una lógica determinada exclusivamente por la estética, en donde se encuentra la única explicación para su existencia jeroglífica (como el trazo vertical e interminable de Victoria Beckham, la Marilyn de Megan Fox, las horterísimas alas de Tila Tequila, o los derechos que debemos conocer y que cuelgan en el cuello de Angelina Jolie).
En las antiguas culturas, las marcas en el cuerpo remitían a una ley superior, a una creencia. Las marcas de esclavitud, sin embargo, ”mancillaban la obra de Dios al convertirla en un medio exclusivo para un mensaje de comercio”.
Hoy se han pulverizado las antiguas significaciones y la corporalidad ha quedado liberada por lo lúdico, destinada al placer y conectada con el principio maestro que rige una sociedad encaminada toda ella al espectáculo de verse ante sí misma.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Los zurbaranes de Sevilla han conseguido dejar el tiempo desabotonado, en suspenso. Los chinos dicen que ven la hora en los ojos de los gatos. Baudelaire escribió que cuando se inclinaba sobre aquella mujer que le inspiraba sus mejores versos, y la miraba fijamente a los ojos, veía con claridad la hora, “constantemente la misma, una hora vasta, solemne, grande como el espacio, sin división de minutos y segundos”, y es que cuando uno está con quien ama, al tiempo no le salen grumos. La mirada del espectador de Zurbarán tiene mucho de un estatismo que no desaloja de la realidad, sino que hace descubrir a Dios en los mundos y submundos cotidianos.
Claro, un museo que te recibe con tres patios abiertos (el del aljibe es de ensueño) y con sus silenciosos claustros, sólo interrumpidos por el gorgoteo del agua, insinúa que te espera un recorrido de honda experiencia religiosa.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


pienso k a Angelina Jolie y a Megan Fox todo c les ve super incluyendo sus tatoo