Las tendencias de las series nacionales
28 septiembre 2008
Se pueden resumir en cinco.
En primer lugar una aparición de temáticas más atrevidas. Se apuesta por las series de género dirigidas a los públicos más específicos que intentan conectar con la audiencia más joven. El thriller y el misterio, detectivescas y de acción, policíacas o médicas y comedias familiares (El internado, Desaparecida, El síndrome de Ulises, La Familia Mata).
También se observa una fusión de la ficción con otros géneros televisivos; dentro de la tendencia mundial de hibridación de géneros, la ficción seriada se ha mezclado con programas de sketches de humor, dando lugar a producciones como Cámara café, Escenas de matrimonio o La Tira.
En tercer lugar destaca la revitalización del género del serial, programado de lunes a viernes en day time, y también en prime time. La adaptación española de Yo soy Bea proporciona a Tele 5 elevadas cifras de audiencia. Gracias a este éxito se están produciendo ficciones con características narrativas propias del serial, aunque con mayor presupuesto, para el prime time: Herederos, Sin tetas no hay paraíso o La Señora.
La cuarta tendencia sería el auge de las miniseries basadas en sucesos reales de gran repercusión: Soy El Solitario, Fago, El caso Wanninkhof o la reciente 48 horas (sobre el asesinato de Mguel Ángel Blanco).
En último lugar conviene anotar la gran influencia que la ficción de producción ajena, con la americana a la cabeza, está ejerciendo sobre la española. Bien, modificando los proyectos desde el punto de vista creativo (construcciones de tramas y personajes) y de los aspectos de producción (dirección artística, realización, etc.), o en el aumento que se aprecia de la compra de formatos de series extranjeras para adaptarlas al mercado español.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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