“La maldición de la Monalisa” en la BBC
21 Septiembre 2008
El crítico de arte australiano Robert Hughes, ha afirmado esta semana que los coleccionistas están “manipulando” el mercado del arte, sobrepujando en las subastas para multiplicar el valor de las obras de los artista que atesoran. Hughes, crítico del semanario “Time”, ha sido uno de los pocos que han denunciado abiertamente la subasta de esta semana de más de doscientas obras del artista británico Damien Hirst. La idea de que hay algo mágico en sus obras que hacen que valgan de entrada millones es sencillamente “ridícula”, afirma el crítico, según el cual lo que ocurre con Hirst es un fenómeno de “promoción y publicidad”.
Hughes denunció esas prácticas en un programa de televisión que se emitió el pasado sábado en la emisora británica “Channel 4″, bajo el título de “La Maldición de la Monalisa”. Su teoría es que el mercado del arte dio un giro fatídico en 1963, cuando se exhibió en Nueva York el más famoso retrato de Leonardo da Vinci como si fuera “una estrella de cine”. “El público no iba para mirarla sino para poder decir luego que la había visto”, explica Hughes. Así comenzó un proceso por el cual las obras de arte se convirtieron en celebridades. A partir de los años sesenta, los coleccionistas comenzaron a comprar obras de arte no porque les gustaran sino como inversiones rentables. El del arte es el mayor mercado no regulado del mundo. Las ventas de arte contemporáneo generan cerca de 20.000 millones de dólares al año.
El arte moderno es muy caro no porque sea especialmente bueno sino porque los inversores creen que puede generar rápidamente beneficios. “El mercado del arte pone demasiado énfasis en la novedad y en lo que está hoy de moda porque los compradores confían en que las obras nuevas van a ganar en valor a corto plazo”, explica. A diferencia de lo que ocurre con las empresas, el valor de una obra de arte no puede someterse a análisis objetivo, por lo que los artistas que como Hirst suscitan polémica o tienen olfato para la autopromoción pueden inflar fácilmente el precio de su producción gracias a un orquestado trabajo de relaciones públicas.
Para Hughes, todo eso tiene como primera consecuencia la conversión del arte en una mercancía más y hace además las obras realmente importantes totalmente inasequibles para los museos y las galerías públicas. “En lugar de que el arte sea propiedad común de la humanidad, como un libro, el arte se convierte en propiedad particular de alguien que puede permitírselo”, denuncia el crítico. “¿Cómo van a poder competir los museos con un multimillonario ruso que empezó a comprar arte hace tres minutos pero que tiene en el bolsillo el producto interior bruto de Georgia?”, se pregunta Hughes. “Imaginémonos el efecto catastrófico que tendría en la cultura el hecho de que cada libro interesante que sale costase un millón de dólares?”, agrega.
“Una de las cosas que sostiene el mercado del arte es la fe irracional en la continua subida de los precios”, comenta Hughes. Y agrega: “En el siglo XVII hubo un pintor italiano llamado Guido Reni, del que no había oído hablar mucha gente, sin embargo, a finales del XVIII, muchos expertos creían que los dos artistas más grandes de Italia eran Miguel Ángel y Reni, pero a mitad del siglo pasado se podía comprar un cuadro de tres metros de Reni por 300 libras (600 dólares). Los artistas se pasan de moda muy rápidamente”.


El mismo Stravinsky explica su obra: “La Consagración posee una sola idea que le da identidad: el misterio de la primavera y su violenta explosión de poder creador. No hay historia en sentido estricto, sino una sucesión coreográfica“.
Su voz la tenemos enterrada en alguna costura de nuestros entresijos, como ese otro yo que nos recuerda el paso de una infancia feliz. La suerte que ha tenido el naturalista es la de haber escapado a nuestros tiempos. La telebasura lo habría despiezado, su vida personal habría salido a la luz (cosa que nunca nos importó lo más mínimo), los platós se lo habrían rifado para provocarle a decir las otras cosas que andaban al margen de su pasión por los animales.
De fondo suena esa forma tan original y reconocible de tocar el piano que es la de Brad Mehldau, el que fuera niño prodigio y que ya anda crecidito. Disco que saca, disco en el que formula una innovación. El tema se llama Happy tune, y forma parte de su último trabajo, House on hill.

Estimados amigos soy pintor y desearia poder conseguir una copia del video de La Maldicion de la Mona Lisa. Por Favor donde o como puedo comprarlo.GRACIAS
se encuentra en youtube en version original http://www.youtube.com/watch?v=EbQ0GqX0Its
por otra parte hace cosa de unos meses en La 2 de RTVE le dedicaron la noche tematica a este mismo tema y “sobrepujas”, me acuerdo que era un documental de la BBC grabado sobre el 2008 cuando hubo el hostion de Wall Street