Benedicto XVI siempre lleva consigo su tarjeta de donante de órganos
21 septiembre 2008
El hecho de que el pontífice haya decidido donar sus órganos para trasplantes después de su muerte, se ha sabido después de la polémica levantada por un artículo de primera página en L´Osservatore Romano, poniendo en duda el concepto de muerte clínica cerebral como el final de vida más que la parada cardio-respiratoria.
El artículo, escrito por Lucetta Scaraffia, profesora de Historia Moderna en la Universidad de Roma, es tema de debate en toda Italia. Para muchos, incluso es considerado como un ataque a las campañas para donación de órganos. A raíz de ello otro diario, Il Messaggero, ha revelado que el Papa tiene una opinión muy clara sobre la donación y los trasplantes de órganos.
En 1980, siendo aún el cardenal Joseph Ratzinger, se hizo miembro de una organización de donación de órganos. Años después dijo que siempre lleva la tarjeta consigo y que está dispuesto a donar si alguien pudiera necesitar sus órganos. “Se trata de un acto de amor y de solidaridad”, comentó al respecto.
Al ser nombrado Papa el 19 de abril de 2005, Ratzinger se convirtió según el derecho canónico en una nueva persona jurídica. A consecuencia de ello, muchos contratos firmados por el cardenal Ratzinger ya no eran vinculantes para Benedicto XVI.
Sin embargo, el Papa mantuvo su tarjeta de donante, un hecho del que su portavoz, Federico Lombardi, comentó que “no puedo desmentir que el Santo Padre sea miembro de una organización de donación de órganos”.
No hay límite de edad para donar órganos. Lo único importante es que éstos estén en óptimas condiciones. De todos modos es harto improbable que Benedicto XVI llegue a donar algún día su hígado, sus riñones o sus pulmones. Los papas son enterrados intactos y hasta la muerte de Juan Pablo II en 2005 eran embalsamados.
Después de las emociones que rodearon a su encuentro con Ingrid Betancourt, Benedicto XVI volvió a un primer plano con su ejemplo de solidaridad y su mensaje a las personas para que ayuden a la medicina y a las personas que puedan necesitar en su momento trasplantes de órganos


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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