The dry savages (frag.), de los Cuatro cuartetos de T.S.Eliot
14 agosto 2008
“No sé mucho sobre dioses, pero pienso que el río
Es un fuerte dios pardo: arisco, indomado, intratable,
Paciente hasta cierto punto, aceptado al principio como frontera;
Util, poco digno de confianza como portador de comercio;
Después, nada más que un problema planteado al constructor
de puentes.
Ya resuelto el problema, el dios pardo está casi olvidado
Por los pobladores de las ciudades; pero siempre es implacable,
Puntual con sus estaciones y sus furias, destructor, recordativo
De lo que los hombres optan por olvidar. Sin ofrendas, sin ser
propiciado
Por los adoradores de la máquina, pero a la espera, observando
y a la espera.“


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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