El manifiesto pro-eutanasia del doctor Montes
14 julio 2008
El doctor Luis Montes, ex jefe del Servicio de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés, ha afirmado que un tema “fundamental”, como a su juicio lo es el derecho a decidir sobre nuestra muerte, tiene que ser “debatido y decidido” por una “consulta popular” y que no “dependa”, por tanto, de los “partidos políticos en el poder”. En consecuencia, el anestesista insistió en la necesidad de “poner fecha” a un debate “sosegado” que “está en la sociedad”. Tras reiterar, que es “un buen momento” para iniciar ese debate, Montes consideró que la sociedad está “madura” para abordar este asunto que tiene su principal “obstáculo”, precisamente, en los “condicionamientos” para no abrir el debate que, además, no le “parecen serios”.
Es el objetivo del llamado «Manifiesto Santander», un documento surgido del seminario «Muerte digna, asistencia ante la muerte» que el doctor Luis Montes, ha dirigido en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (Santander). El médico pide a los partidos políticos que promuevan en el Congreso un debate «de forma seria, responsable y sosegada» e invita a implicarse en el mismo a la «sociedad civil» así como a «filósofos, profesionales asistenciales, juristas, teólogos, personalidades de la cultura, científicos, investigadores y medios de comunicación».
El manifiesto, que consta de nueve puntos, considera que ha «llegado el momento» de abrir el debate sobre la eutanasia y el suicidio asistido, de «desmitificar la realidad de la muerte» y de «hacer pedagogía positiva sobre la misma». Defiende el derecho «a la autodeterminación» del ser humano, en el sentido de que cada persona sea libre para «disponer de su vida, lo que le permitiría afrontar la muerte a la luz de su decisión personal».
Reclama que, del mismo modo que reconocen el derecho a la vida, la Constitución y las leyes deberían «garantizar el derecho a una muerte digna», derecho que implica la «despenalización del suicidio asistido y la eutanasia». Una «buena regulación» y «proteger legalmente» a los profesionales, concluye, iría en beneficio de todos al evitar «prácticas clandestinas».
¿Tiempo de nacer, tiempo de morir?
El doctor Luis Montes ha distribuido en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander un manifiesto para pedir la legalización del “suicidio asistido” y la eutanasia activa. El manifiesto acaba con una frase de la Biblia: “Todo tiene su tiempo… tiempo para nacer, tiempo para morir…” Hace un año, después de que el doctor Montes fuera imputado por supuestas sedaciones irregulares en el Servicio de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés a finales de 2003 y principios de 2004, el juez dictaminó «mala práctica médica» pero archivó el caso por falta de pruebas: no se puede probar el delito por no haber autopsias. «Varios pacientes han muerto tras mala práctica médica a la hora de sedarles», señala, pero «hay una duda que no puede despejarse: los pacientes pudieron morir o por la sedación indebida o por su enfermedad inicial y esto, para exigir responsabilidad penal, ha de quedar claro».
En ese momento, en que Montes fue arropado incluso por el presidente del gobierno, intenté encontrar en la red qué pensaba el Doctor Montes de la Eutanasia. Tarea imposible. Esos años, incluso los meses posteriores al sobreseimiento del caso, en que las sedaciones terminales olían a práctica de eutanasia, eran tiempo de callar. Hemos tenido que esperar un año para que Montes hablara y dijera sí a la Eutanasia. Dice el Doctor Montes en su Manifiesto que hay tiempo para nacer y
tiempo para morir. Pero morir es distinto de acabar con la vida de alguien. Eutanasia es la intervención de un tercero que suprime una vida y sobre todo, le involucra en su muerte. Por motivos supuestamente humanitarios, con aceptación del paciente, pero al fin y al cabo, acabar con una vida.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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