¿Europa necesita la eutanasia o una razón sólida para vivir?
14 julio 2008
En La Baraja hablamos durante este año de la eutanasia. Europa es un continente cada vez más viejo, que no tiene hijos, un signo triste aunque, al tiempo, está acompañado de una búsqueda de esperanzas para vivir. Hablamos del caso de la francesa Chantal Sébire, del que el tribunal de Gran Instancia de Dijon rechazó su demanda de que se le practicara la eutanasia activa. El Gobierno francés no respaldó la demanda de Sébire y el presidente, Nicolas Sarkozy, a quien la enferma se dirigió directamente para que intercediera por su caso, envió a su consejero de salud, que le propuso nuevos exámenes para asegurarse de que se había hecho todo lo posible con su enfermedad. Francia ha aprobado recientemente una ley de cuidados paliativos para los mayores.
En países como Holanda, donde está aprobada la eutanasia, ha aumentado de manera considerable el número de fallecimientos en esos casos, un 30%, y muchos ancianos y ciertos enfermos van a tratarse a otros países limítrofes, pues no tienen la seguridad de que se hará todo lo posible para su curación y alargar su vida sin sufrimientos innecesarios.
España, junto a Italia, es de los países con menor índice de natalidad. En estos días asistimos a la propuesta de relanzar el debate en casa. ¿Cuáles serían las claves para morir con dignidad?: tutelar la vida de los ancianos o moribundos, fomentar la atención domiciliar, fomentar que las personas mayores vivan en el ambiente de siempre, cuidar a los cuidadores, defender la dignidad de las personas con independencia del estado de salud, revivir los cuidados espirituales y psicológicos, etc. Los médicos tienen que cuidar y proteger la vida del enfermo, entonces la eutanasia queda fuera del ámbito de la medicina. ¿Por qué no valoramos y desarrollamos la nueva ley de Dependencia, que es un gran avance en nuestra sociedad?


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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