“Vivimos en la cultura de la facilidad”
25 junio 2008
En La Baraja, contamos con la presencia del director de la Orquesta de Cámara Carlos III, Juan Manuel Alonso. Nos estuvo hablando de la importancia de la dirección de orquesta, no tanto en el momento de la representación, sino en los previos, en los ensayos, en el arduo trabajo con la orquesta a la hora de desbrozar la partitura. Juan Manuel es partidario del respeto profundo a la pieza del maestro, no que la partitura sea ocasión de lucimiento del director, transformándose en divo.
Recordó la necesidad de hacer un ensayo general antes de cada concierto, normalmente con asistencia de público, para comprobar la acústica del teatro. Hizo una crítica sutil a los politonos de los móviles en los que suena la música de Mozart, Strauss, Beethoven, etc. La mejor manera de aficionarse a los grandes, es dejarse traspasar por ellos. “Vivimos en la cultura de la facilidad, y nos cuesta cada vez más entrar en el desarrollo de una partirura”.
Pudimos ver un reportaje dedicado a los grandes divos y divas de la lírica: María Callas, Plácido Domingo, Montserrat Caballé, etc. Nuestro invitadó abogó por las figuras que no aparecen en la portada de la actualidad y que, sin embargo, son merecedoras de un Oscar por su mejor papel secundario. Entre ellas destacó a María José Suárez, una de nuestras mejores mezzos. Y presentó el programa de la orquesta para este verano en El Escorial, “El retablo de Maese Pedro” de Manuel de Falla.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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