Sufro porque quiero
25 junio 2008
Ay, qué mala que estoy desde el martes, quién me manda quedarme viendo OT, jolines. Fiebre de 38 y medio, sudores, dolor abdominal, cuello contracturado, placas y tos, en realidad, no sé por qué me quejo, es poca cosa para lo que podía haber sido. Y es que mira que sé que me produce más reacción que la picadura de una víbora, pero nada, que como se me ocurra encender la tele a eso de las 10 y 20, me atrapa como un oso hormiguero que succiona su alimento favorito ( yo soy el alimento… no el oso) Y allá voy yo… metida hasta las trancas, tanto que ni en los anuncios desconecto, sí, me levanto friego, recojo, coloco, plancho y a los 25 o 30 minutos ya estoy ahí de vuelta, viendo al enrollao del Vázquez intentar decir los títulos en inglés de los temas y pensando que todavía se cree el mismo joven imberbe que compartía plató con la Cruz (me refiero a Penélope claramente, porque el presentador mucho Jesús de nombre pero de Cruz de la de verdad, poco, poquito, poco).
No hay duda, los síntomas de esta alergia son claros y la culpa es sólo mía, sufro porque quiero, pero cuando te quieres dar cuenta ya estás pillado. Esta enfermedad es malísima, no entiendo como no nos avisan de su peligrosidad, aún así, no puedo negar que fui yo y sólo yo quien se dejó atrapar por el “TONTODELHABIS MORBUS EXTREMIS”.
Vamos, quién me iba a decir a mí que me iba a enganchar a mis años, a la vida absurda, facilona y falsamente esperanzadora de los chicos de OT, esos que si algún día salen triunfantes negaran ser triunfitos, se avergonzarán del programa que les hizo nacer, como un adolescente rebelde se avergüenza de sus anticuados padres, que vida esta.
Les y nos… venden ilusiones y mentiras: Es un programa familiar (sólo hay que ver el cuerpo de baile, que sencillez, distinción y elegancia, son como el grupo de jotas de mi pueblo… muy familiares) Pueden ser estrellas si tú les ayudas (a qué les ayudamos a ser estrellas o a estrellarse), y que es un programa musical de calidad (pues vale).
Avergonzadita y enferma estoy. El próximo martes me curo de golpe y hasta voy a intentar curar a mi vecina, que por sus gritos con los comentarios del jurado, creo que anda en fase terminal.
Lola Catódica


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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